Viernes, 02 de Octubre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

Los peones que murieron para dar jaque a la reina

Lo de las víctimas colaterales puede parecer que sea un eufemismo que se inventaron los americanos durante la guerra de Iraq, pero la historia está llena de actores secundarios que se llevaron el premio de una muerte injusta para justificar la muerte del actor principal

Los peones que murieron para dar jaque a la reina

Bettmann (Getty Images)

Si hablo en términos teatrales es porque nuestros protagonistas de hoy fueron participantes involuntarios de una farsa. Bueno, es una farsa vista desde la comodidad del presente; para ellos fue una película de terror. Porque tal día como hoy, el 17 de mayo de 1536, cinco hombres pudieron experimentar lo que era ser peones humanos en una jugada destinada a matar a la reina.

El rey Enrique VIII había creado una nueva iglesia sólo para poder divorciarse de su primera reina y casarse con Ana Bolena en 1533. Ella le había prometido amor eterno y dar a luz a alguien digno de sentarse en el trono inglés. Es decir, un humano con pene. Por desgracia, su cuerpo le jugó una mala pasada y pese a quedarse embarazada poco después del matrimonio, le salió un humano en perfectas condiciones, pero sin el imprescindible nardo.

Enrique, que era más volátil que las opiniones de Albert Rivera, decidió que su gran amor era ahora una traidora a la patria. Juntó a un jurado para que demostrara que, haciendo uso de sus encantos, había juntado en su cama -por separado- a un conjunto variopinto de hombres para derrocar a su marido. Este incluía a tres nobles, a un músico y como plato fuerte, a George, el propio hermano de la reina.

Como incluso dentro de la desgracia también hay clases, el que se llevó la peor parte fue el músico, que al no ser noble, era al único al que podían torturar hasta que confesara. Y el músico cantó, evidentemente.

Los otros acusados, pese a que afirmaron en todo momento su inocencia y que no había ninguna prueba en su contra, fueron sentenciados a ser ahorcados hasta casi la muerte, castrados, eviscerados, decapitados y cortados a pedazos, que luego serían repartidos por las ciudades más importantes del reino como souvenir del evento.

Al final, se libraron de este festival gore y sólo fueron decapitados, el mismo día que también lo fue la propia reina. El rey se casó con su tercera reina trece días más tarde.

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