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Martes, 20 de Agosto de 2019

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El lío que no cesa

Josep Ramoneda analiza la situación que se ha dado hoy en el Congreso de los Diputados con los políticos catalanes presos recogiendo sus actas, la decisión que deberá tomar el Congreso sobre la suspensión de dichos diputados y una reflexión sobre Europa

Un Congreso y un Senado blindados para recibir a unos diputados electos que vienen de la cárcel y regresan a la cárcel. Lo menos que se puede decir es que es una situación anormal y no precisamente edificante. No hay como la acumulación de iconos para mantener vivo un conflicto. Y las escenas que se han visto hoy transmiten un mal cuerpo que obliga a tomarse en serio la pregunta que todas las partes eluden: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Nadie puede estar contento ante una situación como esta. La política subrogó a la justicia un problema que era de su responsabilidad. Y las consecuencias están a la vista: el lío que no cesa.

Y ahora es el Supremo el que le hace un regalito al Congreso, que ha provocado alguna señal de incomodidad. En nombre del principio de no injerencia entre poderes le pide que pronuncie la suspensión de los diputados, con un auto que determina la respuesta. Una petición que augura un ruidoso inicio de legislatura. Es previsible que el Congreso traslade la petición a los servicios jurídicos. Y a ellos corresponderá advertir sobre lo que podrían ser las únicas dudas que la suspensión plantea: si es necesario –en contra de lo que cree el Supremo- que se pida previamente el suplicatorio a la cámara y si no cabe alguna reserva sobre el carácter de una prisión preventiva que parece poco proporcionada. Normalmente, el Congreso dará la razón al Supremo.

Europa manda mucho sobre nosotros. Y es nuestro escenario de futuro. Pero formateados en los marcos identitarios nacionales y con una tecnocracia cerrada y escasamente empática gobernando la Unión, es difícil dar intensidad a una campaña electoral europea. Mentalmente, nos sigue quedando lejos. Y se utiliza a menudo en clave estrictamente interna, por ejemplo, en relación al conflicto catalán. Por eso me acuerdo estos días de una frase que se atribuye a Jean Monnet, uno de los padres fundadores: “Si fuera posible rehacer la construcción europea, empezaría por la cultura”. Sin ella, es difícil crear un sentido de comunidad compartida. Las pasiones nacionales dificultan la tarea de tejer un espacio simbólico común.

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