Viernes, 07 de Agosto de 2020

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Natalia de Molina y Greta Fernández: "Faltan historias contadas desde mujeres, desde el punto de vista femenino"

Las actrices protagonizan 'Elisa y Marcela', la última película de Isabel Coixet sobre las dos maestras que se casaron en 1901

Greta Fernández y Natalia de Molina protagonizan 'Elisa y Marcela'

Greta Fernández y Natalia de Molina protagonizan 'Elisa y Marcela' / Cadena SER

La conquista de derechos sociales siempre ha sido una travesía larga, habitualmente marcada por la violencia y la represión. En 2005, España se puso a la cabeza de los países que legalizaron el matrimonio homosexual tras años de marginación y persecución, especialmente durante la dictadura franquista. Antes que todo eso, más de 100 años antes, dos mujeres sortearon todas la trabas para oficializar su amor.

Isabel Coixet recupera la fascinante historia de Elisa y Marcela, dos maestras que se enamoraron en A Coruña a finales del siglo XIX y urdieron una complicada trama para burlar los prejuicios de aquellos años grises de la Restauración. El catedrático Narciso de Gabriel había investigado la relación de esas dos amigas, que, tras convivir durante un tiempo, se habían casado en 1901. Una de ellas se hizo pasar por hombre, Mario, se bautizó y contrajeron matrimonio por la Iglesia. La realizadora catalana descubrió la historia hace años, ya en 2012 trabajaba en el guion, y ahora la lleva al cine con Greta Fernández y Natalia de Molina de protagonistas.

Dos heroínas, dos pioneras, que jamás pretendieron serlo, que solo lucharon por su amor. La ficción reivindica a esas mujeres olvidadas que desafiaron al sistema, a las injusticias de una sociedad que arremete contra cualquiera que cuestiona su concepto de normalidad. La cinta visibiliza, con un retrato íntimo y elegante, la doble lucha, la de las mujeres y las lesbianas, y recuerda la necesidad de contar historias desde el punto de vista femenino para educar a las nuevas generaciones.

¿Por qué creéis que había que contar esta historia? ¿Tiene vigencia hoy día?

Natalia de Molina: Es necesario recordar la historia y yo no la conocía, sinceramente. También me parecía increíble que algo así no se supiera. Esta película les va a dar el lugar que se merecen a estas dos heroínas. Creo que por desgracia tiene mucha vigencia, solo hay que poner las noticias para ver cómo la homofobia está creciendo muchísimo en todo el mundo, cómo hay muchos países donde todavía es un delito amar libremente. Como mujer creo que hay muchos mensajes importantes con los que hay que reflexionar.

Es una historia basada en hechos reales. Son las primeras lesbianas de las que tenemos constancia que vivieron así ¿Cómo habéis preparado el papel teniendo en cuenta que eran dos mujeres de las que tampoco tenemos muchas referencias?

Greta Fernández: Para preparar el papel no me afectaba que fuesen las primeras mujeres que vivían esto. Íbamos a contar una historia de amor y lo importante era centrarme en otras cosas como entenderme con Natalia. Eso ocurrió en seguida cuando nos vimos. Ya conocía el trabajo de Natalia, así que sentía y pensaba que más o menos somos actrices que partimos desde el mismo sitio a la hora de trabajar, eso me tranquilizaba. Mi forma de preparar el personaje fue esa, una cosa de equipo y luego tener claro por dónde va pasando el personaje durante toda la película y ser consciente de lo que estaba contando, de lo que iba a repercutir. Ahora que ya se ha grabado la película soy consciente de la repercusión que va a tener y eso me enorgullece. Durante el rodaje no era algo que tenía tanto en mente.

¿Creéis que la historia de mujeres homosexuales tienen menos repercusión que las de hombres en el cine?

Natalia de Molina: Creo que históricamente las mujeres hemos estado invisibilizadas y el colectivo lésbico, más todavía. Imagínate: mujer, lesbiana y encima independiente. En aquella época o eras monja o ama de casa, pero de repente aparece un grupo con inquietudes más allá de lo establecido socialmente. No creo que las historias de mujeres tengan menos visibilidad que las de los hombres, a lo mejor se han contado menos. Hay muchas películas de historias de mujeres pero creo que más desde un punto de vista masculino, con la mirada de un director. Eso se nota porque se ve que hay una mirada diferente a la hora de contar, incluso el sexo entre mujeres. Hay una cosa muy bonita, divertida y diferente que aparece en el cine, dos mujeres que tienen sexo en el cine. En ese aspecto creo que Isabel ha arriesgado mucho y ha propuesto cosas diferentes. Eso ha hecho que la visión sea femenina.

La mayor parte del equipo es femenino, esta historia se tenía que contar desde ese punto. Era necesario

Greta Fernández: Yo creo que sí. Que habría sido diferente si la hubiera contado un hombre, y creo que al contar la historia una mujer y encima Isabel Coixet tiene muchos puntos. La historia está contada desde un lugar que a mí me interesa. Yo creo que faltan historias contadas desde mujeres, pero no tanto por dar a la mujer un espacio, porque además es justo y se lo merece y porque creo que tiene que haber igualdad en este trabajo, sino porque tener una historia contada desde una mujer es distinto que desde un hombre. Yo le pregunto a un amigo mío consejos sobre un problema que tengo y me dará un punto de vista y una amiga me dará otro. Tener los dos es una manera de educar y entender que las cosas se ven desde diferentes lugares. Creo que faltan historias contadas desde el punto de vista femenino. Desde el punto de vista masculino hay muchas y estaría bien que fuera un poco más equitativo porque educas mucho a la gente joven. Esta historia, contada desde una mujer, es una historia y contada desde un hombre, es otra. Es bonito que esté contada desde Isabel porque la admiro más allá de que sea mujer.

Fuisteis algunas de las abanderadas en el movimiento más mujeres en los Goya, reivindicativas en la Berlinale, habéis reclamado más poder y visibilidad a las mujeres en vuestra profesión. ¿Creéis que ha cambiado algo desde que surgió este movimiento?

Natalia de Molina: Yo creo que lo que ha cambiado es que hay mucha más conciencia en general. Ahora la gente se plantea cosas que antes no se planteaban o no se tenían tanto en cuenta. Pero queda muchísimo por hacer porque los datos están ahí, la realidad es la que es y si no que se vean las estadísticas. Si creo que hay más conciencia y que poco a poco se está incentivando leyes para que exista una igualdad real, no solo de palabra. Admiro mucho a Isabel porque ella da su discurso pero también lo lleva a cabo con sus acciones, contando con que la mayoría del equipo eran mujeres, por ejemplo, o contando historias como estas. Es una historia con visión y empoderamiento de la mujer. Creo que queda mucho por hacer y mucho camino por delante, no está todo conseguido ni mucho menos.

Y en el conflicto entre los festivales de cine tradicionales y las plataformas de streaming ¿Cómo veis el panorama tras el paso por la Berlinale?

Greta Fernández: Creo que al llegar fue un poco agresivo porque no me lo esperaba. Lo que al final queda afectada es la película, y eso me da pena. La película no tiene nada de malo y es algo necesario, es importante que se sepa. Que por este conflicto quede dañada la película y el autor, está mal. Creo que tendrían que plantearse si vale la pena todo esto cuando lo que realmente lo que estás afectando es a una obra de arte. Más allá de eso creo que los cambios cuestan y que es difícil aceptar que hay cosas que mueren. No quiero decir que el cine haya muerto, me daría mucha pena que la gente dejara de ir a las salas de cine, no va a pasar, pero creo que se tiene que aprender a convivir juntos, las dos cosas. Yo hay películas que no las quiero ver en casa, me apetece verlas en el cine. Me lo monto para verlas en grande y hay otras que no me importa tanto verlas en una pantalla pequeña. Creo que hay películas para verlas en pantalla grande y hay otras que no pasa nada si la ves en la pantalla del ordenador.

¿Cómo creéis que va a ser el futuro de esta convivencia?

Natalia de Molina: Creo que al final están condenados a entenderse. Hay películas que he visto en festivales y que no se han distribuido en mi país, y gracias a plataformas como Netflix te asegura que vaya a muchísimos países. Hay que mirar el lado bueno de las cosas, y si hay algo malo se habla y se intenta llegar a un entendimiento.

¿Quién creéis que debería ver esta película? ¿Algún colectivo en especial?

Natalia de Molina: Es una película que la debería de ver todo el mundo, pero especialmente me gustaría que la viera gente que tiene problemas de entender y comprender que exista diversidad en el mundo, que la gente pueda amarse sin fronteras. El amor es el verdadero idioma universal.

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