Domingo, 27 de Septiembre de 2020

Otras localidades

Vivir de las subvenciones arruina los negocios de la gente de bien.

El colectivo LGTBI y las feministas arruinan los negocios de toda la vida.

Banderas arcoiris en los balcones.

Banderas arcoiris en los balcones. / Getty

Tengo un vecino que se llama Antonio, que tiene un negocio en una de las plazas más pateadas del centro de Madrid. Su negocio tira, que no es poco.

¡Con tanto extranjero, no hay manera de competir! ¡Se quedan con todo!

Los chinos con el frontal de la plaza, los negros venden sus bolsos en el suelo. El mercado de las flores, se llenó de sudacas. Y la pescadería de la calle de atrás, la de enfrente del horno de pan, tiene hasta moros. Antonio ve pintadas por el barrio que no le gustan. Y ve gente que tampoco. De toda la vida de Dios los maricones han hecho sus cosas a escondidas. En su casa. Cualquier cosa que no sea hombre o mujer no existe. ¡Adán y Eva, coño!

Hay una de esas que dice que le da a la carne y al pescado. ¡Lo puto peor! No te quiero ni contar si el tío ese con barba, con las uñas tan largas como esa que canta flamenco, que lleva falda y se pinta los labios… ¡Vamos por favor!

Desde la primera semana de junio Antonio lleva viendo banderitas arcoíris por todas partes. Hay una chula que la ha plantado en la Plaza Mayor. Menos mal que aún queda familias con pendones de virgen de la Paloma. Aquel tan bonito que pidió el párroco que luciéramos y se vendía en la sacristía...

A Antonio le ha ido fatal desde que no se puede ir en coche al centro. Ha sido una putada para el negocio. Tiene él fama de bueno; de vender a buen precio. Y de tener mucho cuidado de que no se le meta chusma esa que viven de las subvenciones ¡Pues no hay una loca que anda convenciendo de que si quitan los carteles de las feministas, ¡los cuelguen en sus balcones!

Vamos por favor.

La verdad es que pobre Antonio. Pobre. Me da muchísima pena mi vecino. Pero eso no va a impedir que lo denuncie cada vez que me insulte. Porque el único responsable de que le vaya tan mal es él. Él y todos los que, en vez de explicarle por qué no entra nadie en su negocio, se aprovechan y le hacen creer que poniéndose duro, conseguirá salir de esta.

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