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Lunes, 14 de Octubre de 2019

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Chernóbil, el libro y la serie

Antes de todo eso hubo un libro, y una escritora descomunal, Svetlana Alexiévich que sin ella no habría ni guion, ni historia que ambientar, ni personajes a los que dar vida. Han omitido su nombre en los créditos

En medio de todas las series que se nos venden, tirando de hipérbole, como la obra de un nuevo Shakespeare, brilla con luz propia una miniserie que sabe ser grande sin abusar de minutos ni de efectismos. Chernobyl, coproducida por la HBO y Sky, ha sucedido en los tronos televisivos al juego de ídem y en cierto modo ha dejado a su predecesora en evidencia. Porque aquí sí que tenemos una historia que trata de veras sobre todo, contada sin alharacas ni redundancias, sin batallas pretenciosas ni el menor asomo de pirotecnia visual o dramática. El ser humano desnudo ante sus contradicciones, sus impotencias, sus oscuridades. Ante sus mentiras, que son lo peor de todo y lo que más brutalmente nos derriba. Un viaje a un espacio cutre y por momentos deprimente, la Unión Soviética agonizante, armado con un guión perfecto, una ambientación sobresaliente y unas interpretaciones portentosas. Ahora bien, antes de todo eso hubo un libro, y una escritora descomunal, Svetlana Alexiévich, que es sobresaliente en lo que dice y en lo que escribe porque antes sabe callarse como nadie para escuchar a otros. Sin ella no habría nada: ni guion, ni historia que ambientar, ni personajes a los que dar vida. Han omitido su nombre en los créditos. Eso ensombrece el éxito de la serie, y encubre tristemente su porqué. Tras una gran historia, siempre hay un gran escritor. O escritora, como es el caso.

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