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Martes, 16 de Julio de 2019

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No hay margen para alargar la partida

Josep Ramoneda reflexiona sobre la fecha definitiva para el debate de investidura, las protestas en Hong Kong y la respuesta del Tribunal Constitucional a la aplicación del artículo 155

Ya hay fecha para la investidura: 22 de julio. Manos a la obra. No hay margen para alargar la partida. La ciudadanía no lo merece: ella se ha pronunciado, a los dirigentes políticos corresponde aplicar los resultados. Es inaceptable amenazar con repetir elecciones por puro interés del convocante. O sea, que mayoría de gobierno ya. Lo que equivale a decir: acuerdo entre Pedro Sánchez y quienes están dispuestos a pactar con él. La derecha ha dicho clara y repetidamente que no. ¿A quién se quiere engañar insistiendo en lo que ni PP ni Ciudadanos quieren? La mayoría está en el otro lado, la izquierda: las elecciones lo dejaron claro. Y ni los reparos de ciertos poderes fácticos con Podemos, ni la desconfianza que genera Pablo Iglesias al PSOE, ni el proceso catalán pueden ser excusas para que el presidente mantenga la ambigüedad como pose. Sanchez teme que la sentencia del Supremo le pille gobernando con Podemos y con la derecha clamando por la derrota del independentismo. Y, sin embargo, es su responsabilidad, sea cual sea el veredicto, encarrilar el conflicto por la vía política. Que es parte del encargo que le vino de las urnas.

Peligro. Viendo en televisión el asalto al parlamento de Hong Kong, me venían las imágenes de hace treinta años en la plaza de Tiananmen. Me temo que el poder chino no va a dejar pasar esta afrenta, por mucho que el país haya cambiado desde entonces. El escandaloso argumento que se ha utilizado para justificar la brutal represión del 89 puede servir para ahora. Cortar la primera revuelta para que no se produzca una propagación en cadena. Xi Jimping es un genuino representante de esta mentalidad. Y dudo que haga excepciones por muy especial que sea el estatuto de Hong Kong.

El Constitucional valida la aplicación del artículo 155 impulsada por el gobierno de Rajoy, pero deja claro que “es algo absolutamente excepcional y temporal”. Con lo que decae la demagógica actitud de Pablo Casado y Albert Rivera reclamando continuamente su aplicación. Es de sentido común: las medidas excepcionales son para circunstancias muy excepcionales. No para la gestión del día a día. Hagan política, señores.

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