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Viernes, 21 de Febrero de 2020

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El chino de (casi) todas las películas españolas es catalán

Y en su última cinta interpreta a un japonés. Así es Alberto Jo Lee, el actor que reivindica un papel no marcado por sus rasgos físicos estrena '522, un gato, un chino y mi padre' junto a Natalia de Molina

Alberto Jo Lee, durante la presentación en el Festival de Málaga de '522, un gato, un chino y mi padre' /

Desde que debutó en 2005 en la comedia Tapas, Alberto Jo Lee ha encadenado papeles en cine, televisión o teatro. Casi todos condicionados por sus rasgos físicos. Nacido en 1979 en Barcelona, su padre fue uno de los primeros coreanos en instalarse en nuestro país. Pionero del taekwondo en España, el actor ha compaginado su carrera artística con el deporte y ha conseguido varias medallas en campeonatos nacionales e internacionales.

Jo Lee tiene un amplio currículo, pero en la pantalla sigue siendo el chino (aunque no sea chino), o el japonés, o el vietnamita. "Sueño con poder hacer un personaje normal, que no esté condicionado por mi ascendencia asiática. Que pueda ser un médico que es un egoísta o un maltratador, o un abogado que es un enfermo del trabajo... Da igual, que tuviera unas características que no fuera el ser asiático", lamenta. Aun así agradece las oportunidades que le han obligado a estudiar y profundizar en la diversidad asiática. "Estoy contento porque he podido hacer muchos tipos de asiáticos. No solo me he limitado al chino, por eso al final cuando haces un chino lo tienes que hacer de una manera, cuando haces un japonés tiene otra postura, es más hierático, es un tono mucho más seco... A medida que voy haciendo personajes nuevos, de nuevas culturas asiáticas, profundizas y estudias sobre eso”.

"A los occidentales les pasa una cosa. Me ven con esta cara y me dan textazos en otros idiomas pensando que lo voy a hacer mejor o súper rápido, pero me cuesta lo mismo o más. Me pongo los audios con el coach, repito, repito y repito lo más grande hasta intentar que esa cultura se sienta representada", explica. Ha trabajado con Coixet, con Patricia Ferreira, en comedias como Fuera de carta, Señor, dame paciencia o Paella Today, y en series como El barco o La fuga. "Sueño con que un día pueda hacer un personaje normal y de esa manera podamos normalizar la situación de los inmigrantes a través del cine y que la gente pueda ver que hay muchas personas como yo, en Barcelona, en Madrid o en otras grandes ciudades de España, que hablan castellano perfecto, que no tienen esas barreras raciales, que tienen una mentalidad abierta, que tienen trabajos normales... Eres chino, pues restaurante chino o bazar. Eres japonés, pues sushi, eres coreano, pues escuela de taekowondo y acupuntura. Hay compañeros míos que son policías, abogados, empresarios... y no debería estar condicionada esa representación, no del todo cierta, que ocurre todavía en el cine español", defiende.

Alberto Jo Lee lleva cuarenta años en España pero sigue conviviendo con preguntas y miradas que le marcan como extranjero. "El micro-racismo, podríamos llamarlo así, está en el día a día. Cuando te preguntan de dónde eres, yo respondo de Barcelona. La siguiente pregunta puede ser de diferentes maneras. Puede ser, pero de dónde realmente, pero cuál es tu ascendencia... A eso vamos, a que llegue un día en el que se haya normalizado esto y no haga tanta falta esa pregunta. Que si tú lo quieres preguntar porque te interesan mucho mis raíces, yo te voy a responder sin problema, pero esa cuestión, ese no entendimiento sigue". También le pasa con la lengua. “Incluso yo hablo a veces en catalán, y me dicen ¿qué?, les hablo en castellano y activan un chip y entonces me entienden, o me dicen, qué bien hablas. Yo respondo, usted también habla muy bien. Se quedan descolocados. Mi padre llegó en el 73, era uno de los primeros coreanos. Estamos ya con la tercera o cuarta generación y espero que se vaya normalizando", reclama.

Ante la atmósfera de crispación política y el resurgimiento de discursos xenófobos, el actor ha notado cómo mucha gente se ha quitado la careta. “Estamos viendo un momento peligroso, véase Vox, Europa o Brasil, donde el odio y el discurso del odio está tomando protagonismo. Al final lo que hace falta es conocimiento, la verdad, no que me manipules y me direcciones a un lugar. Así tú puedes llegar a entender a esa comunidad y esa cultura y puedes llegar a amarla. El problema es que con el discurso del odio se alimenta más. De hecho, lo he hablado mucho con compañeros y amigos míos que tenemos orígenes no españoles pero hemos nacido aquí, lo hemos notado, ahora hay una ola increíble. Personas que antes, porque no estaba socialmente aceptado, ahora se atreven, se sienten fuertes porque les apoyan. Aquí hay una batalla importante de librar y ahí estaremos todos los hijos de inmigrantes intentando batallarla y, sobre todo, a través del conocimiento y la educación. Si tú desconoces, es muy fácil entrar en el odio”, concluye.

En 522, un gato, un chino y mi padre, presentada en el Festival de Málaga, da vida a un japonés que se hace pasar por chino por amor. En un viaje de autodescubrimiento para confrontar el pasado, acompaña a Natalia de Molina, una chica con agorafobia, en un road movie con cierto realismo mágico, defiende el director sevillano Paco R. Baños.

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