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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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Los 60 años de Victoria Abril

El 4 de julio la actriz cumplió 60 años, una cifra redonda que nos invita a dar un repaso a lo que ha sido su carrera hasta ahora.

De niña Victoria Mérida Rojas, que es el verdadero nombre de Victoria Abril (1959), no quería ser actriz sino bailarina y gracias a sus dotes para el baile, precisamente, le ofrecieron un papel en su primera película. Antes de que se cruzara en su vida Vicente Aranda con Cambio de sexo (1977) ya había participado con pequeños papeles en algunos títulos, entre ellos Robin y Marian (1976), nada menos que junto a Sean Connery y Audrey Hepburn. Luego, su participación como la azafata que daba las respuestas acertadas y el dinero que ganaban los concursantes en el Un, dos tres, responda otra vez, el concurso más popular de la televisión, hizo de ella un rostro muy conocido en toda España. Victoria tenía entonces tan solo dieciséis años, era menor de edad y su madre administraba todo el dinero que ganaba.

Fue en 1980, con Mater amantísima, cuando interpretando a la madre de un niño autista, desplegó todas las posibilidades que atesoraba como actriz. Era un papel, duro, complejo, doloroso… Victoria salió airosa de semejante envite y el público y la crítica descubrieron que esa chica que salía en la tele con gafas y minifalda era algo más que una simple famosa. Por aquellos años además la actriz copaba las portadas de las revistas del corazón por su turbulenta vida amorosa. Cuando sólo contaba diecisiete años quiso casarse pero, al ser menor de edad, su madre le negó el correspondiente permiso. La prensa sensacionalista entró a saco en su vida y aireó todas las desavenencias con su familia. Unos años más tarde tomó una decisión radical: se trasladó a vivir a París e intentó buscar allí el anonimato y la libertad personal y profesional que le faltaban en España. La apuesta le salió redonda porque, desde entonces, rueda películas indistintamente en España y en Francia, en donde la consideran una actriz nacional más.

Vicente Aranda y Pedro Almodóvar han sido los dos directores que la han tenido como musa. Con Aranda rodó 13 películas, algunas de las cuales están entre lo mejor de su carrera. Títulos como El Lute: camina o revienta (1987), Si te dicen que caí (1989) o Amantes (1991). Con Almodóvar Victoria vino a ocupar el espacio vacío que había dejado en el cine del manchego su ruptura con Carmen Maura. Con él ha trabajado en Atame (1989), Tacones lejanos (1991) y Kika (1993). Pedro dice de ella que es la actriz que mejor llora en la pantalla y ella le considera el director más exigente con el que ha trabajado.

En nuestro país, además de sus trabajos para Aranda y Almodóvar, ha dejado un puñado de actuaciones memorables. Ha trabajado con Mario Camus en La Colmena (1982), con Jaime Chávarri en Las bicicletas son para el verano (1984) y con Carlos Saura en El séptimo día (2004) pero fue, sin duda, a las órdenes de Agustín Díaz-Yanes cuando filmó uno de los mejores papeles de toda su carrera, el de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995), por el que ganó el Goya a la mejor actriz y el premio a la mejor interpretación en el Festival de San Sebastián.

Su paso por el cine americano, en donde actuó en la película Jimmy Hollywood (1994), le dejó, sin embargo, completamente frustrada ya que nunca logró adaptarse plenamente al sistema de rodaje que allí se sigue. Años después de esta primera experiencia estuvo a punto de ser contratada para la película Acoso, en la que compartiría cartel junto a Michael Douglas, pero el proyecto finalmente no cuajó. Siempre cuenta que, en lugar de la frialdad y la incomunicación que sufrió en Estados Unidos, necesita, tanto con el director como con sus compañeros de rodaje, un cara a cara continuo, un intercambio de ideas e incluso, a veces, hasta una buena discusión que haga saltar chispas.

Coadic Guirec

Victoria Abril no es de las que se callan; no es sumisa ni ante los directores ni ante la prensa. Es visceral, testaruda y peleona; dice directamente lo que piensa y difícilmente da su brazo a torcer. Confiesa que, ante la cámara, desconoce lo que es la palabra pudor y que por eso no le importa interpretar las escenas de sexo más duras o los desnudos más atrevidos. Es más, en algunas de ellas, como la que protagonizó en Átame con Antonio Banderas se lo pasó estupendamente. Y a pesar de sus 60 años recién cumplidos no está dispuesta a parar. La última vez que la vimos en el cine fue en la película Bernarda (2018), una adaptación libre de La casa de Bernarda Alba de Lorca que dirigió Emilio Ruiz Barrachina. Victoria lleva más de 100 películas a sus espaldas pero sigue leyendo todos los guiones que le llegan con la avidez de una novata.

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