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Jueves, 22 de Agosto de 2019

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Los fracasos nunca quedan impunes

Josep Ramoneda analiza las consecuencias de la investidura fallida de Pedro Sánchez tras la votación de hoy en el Congreso donde no ha conseguido la mayoría simple que necesitaba

Los fracasos nunca quedan impunes. Y en este caso pagará Pedro Sánchez, pagará Pablo Iglesias y, sobre todo, pagara la izquierda entera, la ciudadanía progresista. La herida tardará en sanar. Raros tiempos estos en que Gabriel Rufián es la voz más sensata: ¡Cuánto nos vamos arrepentir de lo de hoy! La suficiencia de Pedro Sánchez y las pulsiones autodestructivas de Podemos han convertido la victoria del 28 de abril, que liberaba España del riesgo del tripartito de derechas, en un sonoro fracaso. Una vez más, la izquierda española ha perdido la gran oportunidad de construir un proyecto de amplio enganche por los miedos del Partido Socialista y las frivolidades de la extrema izquierda. Si el PSOE no quiere tratar con populistas que lo diga y que espere con los brazos cruzados que la derecha le salve la vida. Amagar con una alianza de izquierdas que no se está dispuesto a asumir es una estafa a los votantes.

Pero si estrepitoso es el fracaso, lamentable ha sido todo el proceso que ha llevado hasta aquí, sólo explicable por el factor humano: resentimientos personales y psicopatología de las pequeñas diferencias. Una negociación de investidura no puede ser un espectáculo de Instagram, ni siquiera cuando ya sólo se pretende cargar al otro las culpas del fracaso. Este otro no existe: son los dos contendientes los responsables de lo ocurrido.

En cualquier caso, la izquierda ha conseguido devolver las expectativas a la derecha española. Tenía la oportunidad de alejarnos del cáliz del tripartito de la derecha por muchos años. Y ni siquiera este presumible interés común ha sido razón suficiente para entenderse. Sin duda, el PP es el principal favorecido por esta historia: unas elecciones en noviembre, con la sentencia del Supremo de por medio, puede ofrecerle una magnífica plataforma para despegar.

Con todo, el verdadero perdedor de este episodio es Podemos. Caben pocas dudas de que ha dado un acelerón más a su caída. Y no se le puede negar determinación en su hundimiento. El rechazo a investir a Sánchez en 2016, la pelea de Vista Alegre, la trabajada derrota en el Ayuntamiento de Madrid, y la repetición del fiasco de investidura hoy son algunos de los momentos estelares del suicidio por etapas de Podemos en manos de Pablo Iglesias.

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