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Viernes, 15 de Noviembre de 2019

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Una escuela para ser independientes

En esta escuela de la India, 200 niñas invidentes aprenden a ser independientes de cara a desenvolverse en una sociedad donde está extendida la discriminación

En la ciudad india de Surendranagar, en el estado de Gujarat, se encuentra el colegio Pragnachaksu Mahila Seva Kunj, una escuela especial para 200 niñas invidentes y con baja visión. En ella no sólo aprenden a leer y escribir en braille y adquieren conocimientos teóricos, como literatura, biología, geografía o matemáticas; la escuela es el primer lugar en el que conocen su entorno, sus propios cuerpos, sus capacidades. Aquí tienen sus primeras amistades y empiezan a adquirir responsabilidades. Este lugar es el primer paso para ser independientes.

Según los fundadores de esta escuela, la educación es la base del empoderamiento de estas niñas. “Para las personas con discapacidad la educación es muy importante porque así serán capaces de convertirse en algo, de tener un papel destacado en la sociedad y de ser económicamente independientes”, afirma Rina Jasani, directora del colegio. “Gracias a la educación, ellas misma se ven de manera diferente y con más posibilidades en la vida”.

En ese sentido, las estudiantes participan, tras las clases, en diferentes actividades con las que desarrollan habilidades, ya sean profesionales o útiles para su vida diaria. Así, mientras un grupo de niñas aprende a tocar instrumentos, otras realizan cursos de informática, otro grupo acude a talleres de belleza para ser esteticistas, algunas reciben clases de electrónica y algunas aprenden a ponerse correctamente un sari, la complicada prenda que les acompañará el resto de su vida.

“El objetivo de las actividades que hacemos aquí es que las mujeres que son ciegas no tengan que depender de otras personas. Que se vuelvan independientes y vivan sus vidas con orgullo dentro de la sociedad”, afirma Mukta Dagli, que fundó hace más de 20 años esta escuela junto a su marido, Pankaj, ambos invidentes.

La danza, por ejemplo, no es sólo una actividad para disfrutar del baile. Es una herramienta para fortalecer la autoconfianza de las niñas. “La danza, como el yoga, les ayuda a aprender a mover su cuerpo y a sincronizarse con otras compañeras. Les ayuda física y mentalmente, porque crece su autoconfianza y piensan que son capaces de lograr cosas”, explica Sabana Shaikh, la profesora de baile.

En este lugar las estudiantes ven crecer sus aspiraciones, sus expectativas, en un país en el que su destino suele estar marcado por la discriminación, el mal cuidado, la infinidad de barreras físicas y sociales o incluso el abandono. Si la tradición marca que una niña, sólo por ser niña, ya es vista como una carga dentro de la familia, su situación empeora si además tiene una discapacidad.

“Cuando llegué aquí vi que algunas chicas iban a la universidad, así que decidí que yo también quería ir y eso me motivó para estudiar cada año, ahora voy a la facultad”, cuenta Vakra Chandni, de 19 años, que perdió la vista a los dos por una enfermedad rara. Su amiga Bhumi Jediya, una chica de 17 amante del ajedrez, dice que quiere ser profesora de lengua gujarati. Para ambas esta escuela es un hogar en el que convive una gran familia, donde todos los miembros se apoyan mutuamente.

En India viven más de 10 millones de personas ciegas y, aunque el 80% de las causas de la ceguera son evitables o curables, muchos, y sobre todo muchas, sufren problemas de vista por tratamientos malos o tardíos, por falta de concienciación de los familiares o por falta de facilidades médicas. “En los pueblos, cuando un niño se vuelve ciego mucha gente piensa que es cosa de Dios. No creen en tratamientos médicos y muchas de nuestras niñas se vuelven ciegas por un motivo pequeño, por el descuido de sus padres”, dice Nainesh Tripathi, que imparte las clases de ciencias en este colegio. Por eso, tanto las niñas como los trabajadores del colegio, ven esta escuela como un refugio en el que adquieren las herramientas y habilidades necesarias para desenvolverse luego en sociedad.

Este reportaje forma parte del proyecto ‘Una luz en la oscuridad’, financiado por el European Journalism Centre a través de su programa de becas sobre innovación y desarrollo.

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