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Lunes, 23 de Septiembre de 2019

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El piolet que no se usó para escalar

La lista de gente del siglo XX con la que no era muy buena idea enemistarse fue bastante larga, pero probablemente el primer lugar lo ocupaba Stalin. Y de la lista de enemigos que hizo Stalin, tampoco hay muchas dudas de quién encabezaría el ránking: León Trotsky

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Trotsky había sido una figura crucial en la revolución rusa de 1917, al haber creado el Ejército Rojo, sin el cual los comunistas no habrían ganado la guerra civil que los enfrentó con los nostálgicos de la monarquía. Cuando en 1924 murió Lenin, el líder de esa revolución, gran parte de los afiliados al Partido Comunista lo veían como su sucesor natural.

Pero en la partida de ajedrez que tuvo lugar a partir de entonces, Trotsky fue claramente derrotado por Stalin. Puede que Trotsky tuviera más apoyo a nivel popular, pero Stalin había sabido buscarse aliados en la cúpula dirigente. Stalin, que se había sentido despreciado intelectualmente por Trotsky desde que se conocieron antes de la revolución, maniobró de forma muy inteligente para marginar a su rival poco a poco. Una vez lo hubo neutralizado en la lucha por el liderazgo, ensució su nombre hasta conseguir que “trotskista” fuese sinónimo de “traidor”.

Trotsky se vio obligado a exiliarse, y en el año 1940, con Europa en guerra, él se encontraba en México, en la casa de los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo. De hecho, la artista y el revolucionario ruso tuvieron un apasionado romance. Pero Stalin no se había olvidado de su viejo enemigo. Ya había intentado matarlo anteriormente, y en el verano de 1940 consiguió infiltrar a un tal Ramón Mercader, un comunista catalán, en el hogar de Trotsky.

Y el 20 de agosto de hace 79 años Mercader cometió uno de los asesinatos políticos más famosos del siglo XX. No sabemos muy bien por qué, escogió un piolet para matar a Trotsky. Estando solo en su despacho, se lo clavó en la cabeza. Trotsky no murió en el acto, pero la herida era lo suficientemente grave para resultar mortal de necesidad. Mercader pasó casi 20 años en la cárcel, pero no reveló ni su verdadera identidad ni quién le había hecho el letal encargo. Stalin, por el contrario, mostró muy abiertamente su satisfacción, y distinguió a la madre de Mercader con la Orden de Lenin por haber traído al mundo a un asesino tan eficiente.

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