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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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Uno de los últimos reyes que murió en combate

Aunque ahora básicamente sirvan para decorar monedas y pasear en yate, hubo un tiempo en el que los monarcas bajaban al campo de batalla y corrían un riesgo más o menos elevado de morir en combate. En un momento dado, se dieron cuenta de que era bastante mejor delegar el tema este de la muerte

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Hoy recordamos a uno de los últimos “pringaos” coronados que perdió el trono y la vida un 22 de agosto de 1485. El desventurado monarca fue Ricardo III de Inglaterra, que perdió ante Enrique Tudor la Batalla de Bosworth, con lo que él pasó a ser un cadáver y el Tudor se convirtió en Enrique VII. Esa batalla marcó el punto final de la Guerra de las Rosas, que pese a su bonito nombre no tenía nada de concurso floral. La guerra había sido un conflicto largo y duro para establecer quién era el rey legítimo de Inglaterra.

Como acostumbra a pasar, la legitimidad viene poco después de la victoria militar. Ricardo III fue rápidamente trasladado a la papelera de la historia, con propagandistas como William Shakespeare distorsionando su figura para convertirlo en un jorobado feo y amargado que asesinó a sus jóvenes sobrinos para eliminarlos de la carrera dinástica. También puso en su boca la expresión “mi reino por un caballo”, mientras deambulaba por el campo de batalla de Bosworth. Obviamente, no lo encontró.

Para daros una idea de lo mal que trató la historia a Ricardo, sus restos fueron encontrados en 2012 debajo de un párking en la ciudad de Leicester. Tenía 11 heridas, la mayoría de ellas en el cráneo. Eso sí, la reconstrucción de su rostro desmintió la fealdad que le atribuyeron sus detractores, así que la ciencia le dio una pequeña victoria más de 500 años después de su muerte.

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