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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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Venecia: El Joker contra los ricos

Joaquin Phoenix muestra en el Festival de Venecia la mejor interpretación de este personaje que demuestra que Batman solo defendía los intereses de la burguesía

Joaquin Phoenix como el Joker /

Siempre se ha tendido a catalogar a Superman como un héroe de derechas y a Batman como un superhéroe de izquierdas. Aunque hay varios discursos que desmienten la última afirmación, como el libro del politólogo Julio Embid, Con capa y antifaz: la ideología de los superhéroes. Es la nueva película de Warner sobre el personaje de Joker quién más se esfuerza en desmontar el mito del personaje de DC Cómics.

Joker es una maravilla como cine de acción que desmonta muchas de las pamplinas de la saga de Christopher Nolan de El caballero oscuro. Al lado de este Joker, con una soberbia interpretación de Joaquín Phoenix, Christian Bale, parece un pupas lamiéndose las heridas creadas por problemitas de primer mundo. “Superman es un héroe ingenuo, mientras que Batman es un héroe cínico que encarna a la perfección el realismo capitalista", dijo el teórico Mark Fisher. Un superhéroe que viene muy bien al sistema, porque la sociedad acepta desencantada que no hay alternativa al neocapitalismo y que cualquier propuesta de algo diferente es antisistema.

El Joker lo que dice es que ser antisistema no es malo. Kill the rich es el lema de la revuelta popular de los payasos, que desencadena este extravagante y complejo personaje. Si en La leyenda renace los villanos son el movimiento Occupy Wall Street, el equivalente a nuestro 15M, protestas surgidas del descontento tras las medidas de austeridad en la crisis, en Joker son los buenos, los legitimados para levantarse, incluso usando la violencia. Lo que hace Phillips es decirnos que no vale la dicotomía cristiana de buenos y malos en una sociedad que crea gente desesperada y atomizada, como este personaje.

Todd Phillips, director de Resacón en Las Vegas, rompe las normas del cine de superheóres, sin hacer una película de superhéroes y sin casi escenas de acción, solo una persecución en el metro del Nueva York de los ochenta. Esa escena la de la ciudad totalmente gris, ocre y cochambrosa funciona a la perfección porque resalta más al protagonista, vestido con colores saturados y cálidos, propios de la ropa de payaso.

La cinta es el resultado de un guion en el que pasan pocas cosas, pero no hace falta más. La historia no es más que la conversión de un personaje que pasa de parásito a líder de una revuelta. Un enfermo mental al que los recortes de Thomas Wayne y el resto de poderosos dejan sin acceso a la sanidad, ni a un puesto de trabajo, ni a una vida digna. Mientras los ricos de Gotham suman más y más dinero. Toda una metáfora de la sociedad actual.

Los abandonados del sistema toman las calles. Los enfermos, pero también los parados y los precarios. No es tontería que esta cinta con vocación de arrasar en taquilla ponga el foco en ellos, teniendo en cuenta que las ciudades norteamericanas están llenas de mendigos, muchos de ellos en la calle por no poder pagar la sanidad. El Joker está más cerca de Taxi driver que de Batman, aunque deje a ese superhéroe a la altura del betún. Y hablando de Taxi driver, aquí está magnífico Robert de Niro de estrella de la televisión, haciendo comedia blanda, y brillante Phoenix, que se queda todos los chistes de humor negro, que no son pocos.

Su interpretación es bruta y delicada al mismo tiempo. Su risa da miedo, perturba y genera impaciencia, pero el actor consigue imprimir ternura a un asesino. En definitiva, una de las películas del año y una interpretación que merece la Copa Volpi, el premio a mejor actor aquí en Venecia, y el Oscar.

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