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Martes, 17 de Septiembre de 2019

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Una vida arruinada por un delirante error judicial

Balwant Singh, un indio afincado en España desde 2003, fue condenado por un delito que no cometió: el culpable había suplantado su identidad.

La vida de Balwant Singh, un hombre de origen indio que lleva en España desde 2003, se convirtió en un auténtico esperpento hace nueve años, cuando fue condenado por un delito que no había cometido. El culpable, un farsante, había suplantado su identidad.

Para comprender esta historia, adelantada por El País, hay que remontarse a septiembre de 2010, cuando Balwant, de 50 años por entonces, se presentó en la Subdelegación del Gobierno en Tarragona para renovar su tarjeta de trabajo y residencia. Salió sin nada, se la denegaron, porque tenía antecedentes: sobre él pesaba una condena por conducir ebrio. Y eso a pesar de que, como nos dice la familia, a Balwant nunca le pararon en ningún control de tráfico. Era imposible, dicen, porque no tenía ni coche ni carnet de conducir.

Se dictó entonces una orden de expulsión contra él y su familia, su empresa le despidió y su esposa e hijos se quedaron también sin poder trabajar. Tuvieron que ir a trabajar al campo en empleos temporales y en situación irregular. “Ha sido muy duro, no tengo palabras para expresarlo, un infierno. No podíamos hacer nada, absolutamente aparte de pagar todos los gastos, teníamos que trabajar en el campo lo que nos encontrábamos, lo que no era muy continuo”, nos cuenta el hijo menor de Balwant, Harpreet, que tuvo que dejar sus estudios cuando empezó este calvario.

¿Qué había ocurrido? Que otro hombre, también de origen indio, había dado positivo en un control de alcoholemia al volante, un control en el que dio la identidad de Balwant. Después se hizo pasar por él en el juicio rápido que se celebró y aceptó una pena de cuatro meses de prisión. Nadie lo cuestionó, ni siquiera se le tomaron las huellas.

 A partir de ahí, el calvario. Trabajos en negro, miedo a ser expulsados del país, recursos judiciales... Hasta que en 2016, seis años después, el Tribunal Supremo revisó la sentencia y confirmó que el culpable, el farsante, era otro. Sólo así, Balwant y su familia pudieron renovar sus permisos.

Ahora la familia reclama al Estado una indemnización de 167.000 euros por todos los daños causados, por estos años perdidos, por los fallos que originaron todo este calvario. Pero Justicia se niega; sostienen que no debe haber indemnización porque Balwant no se enteró a tiempo de que alguien le había suplantado. “Dicen que no ha lugar a la indemnización cuando el error judicial tuviera por causa la conducta dolosa o culposa del perjudicado. En este caso consideran que Balwant Singh aceptó una condena penal, que en ningún caso puso en duda su identidad y que no fue un comportamiento eficiente”, explica la abogada de la familia, Almudena Encinas.

Mientras continúa el periplo judicial, Balwant sigue trabajando, sólo que ahora en empleos temporales, inestables, y su familia trata de recuperar el tiempo perdido. “Estamos intentando recuperar todo lo posible, nos estamos esforzando al máximo pero cuesta, es que son seis años no es fácil ni rápido recuperar todo este tiempo y todo el dolor”, concluye Harpreet.

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