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Lunes, 20 de Enero de 2020

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'Vivir dos veces', una historia de segundas oportunidades

María Ripoll presenta su novena película, una road movie a la española protagonizada por Óscar Martínez, inma Cuesta y Mafalda Carbonell

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Vivir dos veces (María Ripoll)

“Mucha gente está viviendo vidas que piensa o le han dicho que debe vivir y con valentía se puede cambiar eso y vivir tu propia vida como crees que la tienes que vivir. Eso le pasa a Julia, la protagonista de esta película, y le pasa a mucha gente que no está viviendo exactamente la vida que quiere, y por miedo no se deja vivir la segunda vida, pero con valentía sí que se puede vivir dos veces”, dice María Ripoll.

La directora española que más ha recaudado en taquilla llega a los cines con su novena película: ‘Vivir dos veces’. Una road movie a la española rodada en Valencia. Cuenta Ripoll que Valencia “ha sido el cuarto personaje, porque me ha ofrecido unas localizaciones, una luz, unos encuadres, una personalidad que le ha ido muy bien a la película”. Los otros tres protagonistas son Oscar Martínez, Inma Cuesta y Mafalda Carbonell. Tres generaciones muy diferentes, un abuelo que está buscando el amor de su juventud, una hija que está viviendo una realidad o una mentira sobre su vida y una joven que está muy enganchada a las redes sociales y al mundo virtual y quizá no vive el real. En este viaje todos ellos se enfrentarán a los engaños sobre los que han construido sus vidas mientras buscan a Margarita.

Emilio, interpretado por Oscar Martínez, era profesor de matemáticas en la universidad aficionado a los sudokus o, como él los llama, cuadrados mágicos. Un día pone una queja en el periódico por no poder resolver uno y a raíz de eso se descubre que tiene Alzheimer. Aunque intenta escondérselo a su familia su hija Julia, visitadora médica, le descubre en el hospital y empieza el drama familiar. Julia está casada con Felipe, Nacho López, un coach que pretende arreglar las vidas de los demás cuando la suya es un desastre. Y Blanca, su hija adicta al móvil, enseñará a su abuelo anti tecnología todo lo que se puede hacer con un teléfono porque, dice, es dios y ahí está todo.

Después de averiguar dónde está Margarita, gracias a las maravillas que ofrece la tecnología, abuelo y nieta cogen el coche rumbo a Navarra. Aunque no todo saldrá como esperan: Julia les descubre antes de llegar a su destino. Después de una buena bronca y de poner muchas pegas a esta misión, Julia, que ve como su vida se desmorona, decide ayudar a su padre para, a la vez, ayudarse a sí misma. “Mi personaje que es una mujer con un cierto sentido de lo que está bien y lo que está mal, cuadriculada, controladora, como en ese camino que emprende se reencuentra con ellos y con ella misma también. Se replantea cuál es su manera de vivir y toma otro rumbo”, cuenta Inma Cuesta.

Pero el rumbo que toman en su viaje no es el adecuado, porque cuando llegan a Navarra se encuentran con una mujer medio sorda que ha comprado la que era la casa de Margarita y no sabe qué ha sido de ella. De vuelta a Valencia Blanca usará todas sus habilidades tecnológicas y contactos para descubrir dónde está Margarita realmente. Aunque, una vez más, con resultado agridulce porque, según Inma Cuesta: “es una dramedia. Como la vida”. Y añade: “yo creo que, aunque el punto de arranque a priori pueda parecer dramático luego el tono que toma la película, que para mí me parece lo más complejo, es precisamente eso, estar entre la risa y el llanto y la emoción también, creo que es una comedia como emotiva”.

A pesar de sus diferencias, Emilio y Blanca crean una conexión muy profunda, tanto dentro como fuera de la pantalla. Cuenta María Ripoll que Mafalda es un señor de 80 años metido en un cuerpo de niña “es muy madura, se entendieron perfectamente con Oscar Martínez, Oscar Martínez y ella, el abuelo y ella, pues han formado una pareja increíble, se lo han pasado muy bien rodando y yo con ellos y han tenido una química brutal que se nota en la pantalla”, dice. Ambos acabarán viviendo en la misma casa y ahí se nos muestra el día a día de una persona con Alzheimer, un resumen lacrimógeno de como puede haber días buenos y otros horribles. Aunque esto no es el punto clave de la película. Ripoll dice que "'vivir dos veces’ es una película que no va del Alzheimer, 'vivir dos veces' va de segundas oportunidades” a lo que Inma Cuesta añade: “creo que debemos estar abiertos a vivir dos, tres y cuatro veces. El mensaje que tiene la película, maravilloso, es que en la vida siempre estamos a tiempo de vivir de otra manera, de coger otro rumbo, de tomar decisiones que nos hagan coger otros caminos”.

Vivir dos veces es un viaje alocado a la juventud, al primer amor. Un retrato en tono de comedia del paso de tiempo y una reflexión sobre la madurez.

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