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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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Ferrán Barber: "Es como tratar de dormir catorce personas en una cama de matrimonio o tres en un ataúd"

Hablamos con el periodista español que ha pasado un mes en una cárcel del Kurdistán iraquí con 160 personas en 50 metros cuadrados

El periodista Ferrán Barber fue liberado el 4 de septiembre tras pasar casi un mes retenido en una cárcel del Kurdistán iraquí. Estuvo encerrado sin ninguna acusación contra él. Llegó a compartir la celda con 160 presos en un espacio de 50 metros cuadrados y esta tarde se ha pasado por La Ventana.

Barber trabaja como periodista freelance y desde ya hace más de 20 años va regularmente a esta zona. En esta ocasión le había contratado una productora alemana para entrevistar a milicianos germanos y españoles que combaten allí al Dáesh. Una vez terminó el trabajo decidió separarse y tomar unos días para visitar el valle de Nahla en el que tiene varios amigos.

Tras pasar allí unos días recibió una llamada de "gente que gestiona las cárceles de Rojava y me dicen: «Oye, tenemos alguien para ti que no ha sido entrevistado todavía por ningún periodista español»; y aquello era muy tentador". Para ir a esta zona, "un lugar muy recóndito", no hay un medio de transporte fácil de conseguir; así que decide ir directamente andando a la espera de llegar a la carretera principal y encontrarse a alguien que le acerque a una ciudad cercana.

"Una emboscada en toda regla"

Tras caminar durante más de cinco horas se quedó sin agua y "providencialmente, que al final resultó de todo menos providencial" se encontró con un peshmerga, un miembro de las fuerzas armadas del KRG, que le dijo que le llevaría en taxi hasta allí: "me pareció todo rarísimo, pero aun así no tenía mucha elección".

A los 30 kilómetros de viaje el coche se detiene en medio de ninguna parte y aparece un segundo vehículo con militares que le detienen. Cuenta Barber que se identificaron como policía de fronteras, aunque realmente eran miembros de Asayish, la policía del KRG; una policía a la que Human Rights Watch o Amnistía Internacional han denunciado por su brutalidad. Estos le acusaron de ser amigo de terroristas.

Así, Berber pasa su primera noche en un calabozo y al día siguiente le trasladan al centro de detención de Erbil; un lugar que este periodista español reconoce "de manera inmediata porque “yo mismo había escrito sobre otros españoles -en este caso milicianos- encarcelados allí que habían pasado por tragedias similares. Todo tenía un aire de déjà vu". En ese momento fue consciente de que lo que le esperaba "era cualquier cosa menos grata".

Hasta ocho años en una celda

En Erbil, Ferrán Barber entra en la celda número cuatro; un espacio de 50 metros cuadrados útiles en el que había más de 130 presos: "es como tratar de dormir catorce personas en una cama de matrimonio o tres en un ataúd". Allí le incomunican durante prácticamente un mes en el que permanece saber cuánto tiempo iba a estar realmente. Llegó a conocer a un preso que había estado en esa misma celda durante más de ocho años. Lo más llamativo es que Barber está convencido de que la celda en la que estaba ni siquiera era de las peores.

Este periodista relata que fue testigo de múltiples palizas, incluso vio cómo "gente que orinaba sangre no era atendida sanitariamente". Llegó a conocer a un hombre que le contó que habían trasladado a su hijo a una celda de aislamiento y "posteriormente le comunicaron que había muerto; un joven en perfecto estado de salud".

"Una de las partes más terribles (...) es la incertidumbre. El estar ahí y decir, pero qué diablos estoy haciendo aquí. Con posterioridad a mí habían entrado milicianos que habían estado combatiendo y salieron antes", explica Barber a quien le explicaron que estaba allí por haber cruzado ilegalmente una frontera.

"Una auténtica caza de brujas"

Este periodista ha recordado que en su celda se encontraba también un médico de unos 60 años al que se acusaba de pertenecer al Dáesh "que me recordaba a mi frutero". Este hombre estaba a punto de coger un vuelo con su familia y que estaba ahí sencillamente porque "su nombre y su apellido coincidía con el de algún criminal del Dáesh con las manos manchadas de sangre. Considerando que el 90% de los árabes se llaman Mohammed imaginaos lo que está pasando...". Barber asegura que era "una auténtica caza de brujas".

"A partir del tercer día yo empecé a recibir y a sacudir"; allí los carceleros no le agredían directamente pero dentro de la celda, por la noche, "había verdaderas peleas por el espacio"; unas peleas que se debían a la situación de estrés que había dentro y que no continuaban al día siguiente donde todos eran “tan amigos”.

Días, meses o incluso años

"Desde el primer momento dije: «no me voy a poner a contar los segundos y los barrotes porque lo que puede pasar aquí es imprevisible»", cuenta este periodista que temía poder llegar a estar allí encerado durante años.

Además, está convencido de que "se lucran con los presos". Relata cómo compartían un vaso entre todos los presos que vivían dentro de la celda. porque a pesar de que existe una asignación por preso que -le contaron- es de prácticamente 15 dólares al día, él duda que gastasen más de un dólar.

A pesar de lo gráfico de su relato asegura que es imposible hacerse una idea de lo que ha vivido allí; que llegó a pasar catorce días sin dormir más de media hora; que aquello era "un secuestro y no un encarcelamiento"… Una situación que compartía con el resto de personas que le acompañaban -llegaron a juntarse 160-, los que seguían y de los que "el 90% no sabe ni por qué está ahí".

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