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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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¿La hipercorrección está pasando de castaño a oscuro?

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, está en un aprieto por una foto que ha desvelado la revista Time en la que aparece en una fiesta de disfraces de hace 18 años con la cara pintada de negro. El disfraz no es de esclavo, ni de caníbal, ni caricaturiza a un nativo de una tribu africana. El hombre decidió disfrazarse de Aladino porque la fiesta era temática e iba sobre “Noches árabes”. Y él decidió que para mimetizarse con el personaje se tenía que embadurnar de betún. Tal ha sido el revuelo, que sus rivales han llegado a exigir su dimisión y él ha tenido que pedir disculpas con un “fue un error, jamás debí hacerlo, me decepcioné a mí mismo”.

Es verdad que estamos hablando de Canadá, que tiene sus códigos en la materia y en donde la práctica de pintarse la cara, la blackface, se ha ido orillando por considerarse, en general, un gesto racista. Pero la circunstancia tiene una lectura planetaria porque nos habla de la creciente tendencia a juzgar actitudes pasadas con códigos presentes, de la utilización de cualquier anécdota del pasado, sacada de contexto, como arma política frente al adversario, del efecto amplificador de las redes por nimia que sea la polémica y, sobre todo, de la paradoja que supone que una hipercorrección política en nombre de la noble protección de las minorías lleve a limitar la libertad hasta el punto de considerar un escándalo pintarte la cara cuando te disfrazas de Michael Jackson, de rey Baltasar o de Aladino.

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