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Martes, 12 de Noviembre de 2019

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El trauma psicológico del genocidio yazidí en Irak deja crecientes intentos de suicidio

Médicos sin Fronteras alerta del deterioro de la salud mental de la población yazidí de Sinyar. Cuando Estado Islámico les atacó, "se eliminó de la comunidad a muchas figuras protectoras, familiares que dejaron grandes pérdidas"

El rastro de la guerra y del terrorismo de Estado Islámico (EI) al norte de Irak hace cinco años ha dejado profundas heridas en la población de la minoría religiosa yazidí. Eva Domínguez, matrona española que ha estado en los campos yazidíes este mismo año trabajando con Médicos sin Fronteras, nos explica que tanto a nivel climatológico como de acceso la zona de Sinyar donde vive esta minoría es muy complicada y “hay todavía mucha gente en las montañas que ha decidido quedarse a vivir en tiendas, en unas condiciones muy duras”.

Los yazidíes fueron atacados por EI en agosto de 2014 en su pueblo, en Sinyar. Entonces, los terroristas entraron con la estrategia planificada de desarrollar una limpieza étnica. Cinco años después el Califato ha desaparecido, pero el genocidio yazidí sigue en marcha, según los expertos y organizaciones humanitarias. El 80% de los supervivientes malviven en campos de refugiados en Irak sin perspectivas de futuro no posibilidad de volver a sus tierras. Tampoco ha habido una reconstrucción en Sinyar.

Su población, antes formada por alrededor de medio millón de personas, se encuentra ahora dispersa y dividida. “Cuando los yazidíes hablan de este genocidio, se refieren a él como el genocidio número 74, no es la primera vez que esto le ocurre a la población yazidí”, cuenta Eva. Esto se debe a su religión, considerada como pagana, por lo que han sido atacados tanto por cristianos como por musulmanes.

Centenares de chicas fueron secuestradas, violadas y casadas con milicianos de EI, y luego tuvieron que hacer frente a un enorme dilema tras la guerra, ya que su comunidad aceptaba su retorno, pero no el de los hijos del Califato. La mayoría de ellas languidece ahora en tiendas sin recibir la atención psicológica necesaria, sintiéndose abandonadas y estigmatizadas. Lo mismo ocurre con los niños secuestrados y adoctrinados por EI. Son víctimas, pero también existe el peligro de que se conviertan en yihadistas.

MSF realiza asistencia médica y humanitaria en la zona. Profesionales como Eva trabajan formando a médicos y matronas que necesitan una especialización como la que ella imparte en salud reproductiva y violencia sexual. Se enfocan sobre todo en “la detección de víctimas que puedan llegar al hospital”, explica.

“Es muy grave lo que ha ocurrido allí, la gente ha estado expuesta a muchísima violencia y a pérdidas de familiares que en un momento dado han desaparecido y nunca más se han vuelto a ver”, asegura Eva. Por eso, una de las mayores necesidades que demanda la población yazidí es la atención psicológica, según alerta la organización, de hecho, se ha producido un notable aumento de los intentos de suicidio entre la población. MSF calcula que entre abril y agosto de 2019, 24 personas han ingresado en los servicios de urgencias del hospital de Sinuni tras haber intentado suicidarse, la mitad de ellos menores de edad.

Eva explica que “la temática de la salud mental se presenta en esa zona como una resolución de un trauma colectivo”. En la forma en la que se realizó el ataque en Sinyar, Eva destaca que se eliminó de la comunidad a muchas figuras protectoras, familiares que dejaron grandes pérdidas. “Estudiaron muy bien esa comunidad para determinar en qué puntos se les podría atacar”.

Por otro lado, la gente joven está viviendo en una situación muy dura, “no tienen trabajo, aparte del ataque y el daño físico, las ciudades quedaron destruidas, se destruyó su sistema económico y de subsistencia”, por eso muchos no vuelven, “hay pueblos que están llenos de minas”, cuenta la matrona.

Las pérdidas y los traumas llevan a muchas personas a pensar que están “en una situación constante de vulnerabilidad, sin seguridad”, lo que deriva en trastornos de salud mental. Médicos Sin Fronteras pudo constatar en una encuesta que el 100% de las familias yazidíes contaba con algún miembro con problemas de salud mental “El problema en Irak es que hay especialistas, pero no suficientes para el nivel de trauma”, asegura Eva, especialmente con el nivel de destrucción contra la sociedad iraquí.

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