¿Y cómo salimos de ésta?
Pero visto lo visto, ¿tiene Sánchez algún otro posible aliado que no sea Iglesias?

Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal antes del debate electoral en televisión en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid el 4 de noviembre de 2019. / Ricardo Rubio - Europa Press (EUROPA PRESS)

Madrid
Tampoco el debate nos sacó de dudas: ni idea de cómo solucionar el bloqueo que empieza a ser un suplicio no ya para los políticos, ellos lo han creado, que ellos se lo coman, sino para la ciudadanía de a pie.
Sánchez llegó solo y salió solo. Lo sabía y aguantó el pimpampum con aplomo, que no es poco. El pimpollo Casado, vociferante, se enfrentó con feos modos tanto a su enemigo Sánchez como a su aliado Rivera, y apareció tan histérico en el debate como cursi en el minuto de oro. El menguante Rivera se sacó de la chistera hasta un pedazo de muro. Faltó el perrito. A Iglesias le gustan los debates porque le gusta oírse. Machacón con el gobierno de coalición frente a un despegado Sánchez. Abascal, recuerden, el respetadísimo socio para Casado y Rivera, nos pidió sinceridad en su minuto de oro. Sea: despreciamos sus repulsivos estacazos.
Comprobado, también, que a la derecha le salen sarpullidos si se menciona a Franco. Pero visto lo visto, ¿tiene Sánchez algún otro posible aliado que no sea Iglesias?




