Miércoles, 03 de Junio de 2020

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Star Wars | crítica

'Star Wars: el ascenso de Skywalker': un cierre cobarde y tramposo al servicio de los fans

J.J. Abrams se pliega a lo convencional tras la arriesgada apuesta de Rian Johnson y tira de pirotecnia, emoción y nostalgia para el fin de la saga más importante de la historia del cine

Daisy Ridley y Adam Driver protagonizan 'Star Wars: el ascenso de Skywalker'

Daisy Ridley y Adam Driver protagonizan 'Star Wars: el ascenso de Skywalker' / DISNEY

La saga que cambió la estructura de Hollywood a finales de los setenta se despide. Tres trilogías después, Star Wars llega a su fin. Lo hace con el Episodio IX, un cierre convencional y poco atrevido, que rompe el equilibrio de géneros y apuestas que George Lucas inició en 1977. 

Durante toda la saga de Star Wars, Lucas, se ha movido en un planteamiento desigual entre tres géneros: la tragedia griega -Lucas siempre dijo que era la historia de un padre y un hijo-, el wéstern espacial -la lucha de los rebeldes (oprimidos) contra los opresores (el Imperio)- y la crónica política, pues la saga trata sobre el origen, desarrollo y final de la guerra entre esos dos bandos. Tres elementos que encajaban a la perfección en el criticado Episodio VIII y a los que lanza una enmienda a la totalidad J.J. Abrams en El ascenso de Skywalker, el cierre de la trilogía.

Tras amenazas y críticas de los fans, el director contradice en esta entrega cada cosa que Rian Johnson estableció en la anterior. De hecho, las ideas de Johnson para este episodio fueron rechazadas y se le despachó encargándole una nueva trilogía alejada de los grandes personajes.

J. J. Abrams fue el iniciador de esta nueva era. Le debemos un Episodio VII correcto, pero nada innovador. Supo compaginar los gustos de aquellos seguidores acérrimos de la saga y enganchar a nuevos públicos que empezaban su bautismo en la mitología galáctica que Disney compró a Lucas Film en 2012. De modo que Abrams usa los mismos elementos en este esperado final. Todo aquello en lo que innovó su antecesor, él lo elimina.

De ahí, el giro en el origen de Rey, el personaje de Daisy Ridley, la chatarrera que aspira a ser un Jedi, rompiendo todas las convenciones y lanzando el mensaje de que cualquiera podía ser un Jedi, a pesar de su origen obrero, en la Galaxia lejana funcionaba la escalera social. Si Johnson se había atrevido a cuestionar la educación platoniana de los Jedi, los guardianes de la República, Abrams vuelve a la intensidad con una escena que muestra la importancia de esa educación, aunque la Resistencia esté agonizando. 

Si tuviéramos que buscarle parecidos con las entregas anteriores, señalaríamos El retorno del Jedi, de 1983. Una narración clásica que cuenta el viaje del héroe. Como diría Joseph Campbell: el personaje ordinario (la chatarrera), que comienza un viaje, ayudada por sus mentores, y que en esa epopeya pierde su inocencia; sobre todo, al pasar una gran prueba. La diferencia es que el guion de Abrams es flojo y no tiene ninguna intención, ni política, ni narrativa, ni hay una justificación de por qué aparecen personajes tan importantes que habían muerto, sino estamos en Los Serrano. Simplemente hay que meter todo lo que los fans quieren ver, nostalgia y emoción al final, con una batalla de láser en la Estrella de la Muerte.

El ascenso de Skywalker es una película divertida, llena de acción, emoción, fuegos artificiales, cameos de personajes estrella de la saga y Abrams demuestra que sabe manejar lo actual y lo nostálgico y engatusar a todos los fans. Sin embargo, el cierre de la trilogía carece de reposo, de transcendencia. Eso sí, mantiene algo que ya ha calado en Hollywood, un plantel diverso y variado con una mujer protagonista y con un reparto formado por John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, y los cameos de Mark Hamill, Carrie Fisher, y alguna sorpresa más.

También hay más espacio para los robots, para que no falte la buena dosis de merchandising, que para algo Star Wars y George Lucas cambiaron las reglas del juego en su momento creando el concepto de franquicia y revolucionando la propia estructura de Hollywood.

El lema de la saga nos dice que cuando el lado oscuro triunfa se deslegitima la democracia y los rebeldes deben recomponer la República. Algo de eso hay, aunque impostado, con todas las fuerzas pactando para acabar con el lado oscuro, con una fuerza emergente en cualquier Parlamento ya. J. J. Abrams es partidario de la gran coalición contra la extrema derecha. Sin embargo, ese poderoso mensaje final, parece metido con calzador si uno ha seguido atento las dos primeras horas de la película. En definitiva, una entrega menor para una trilogía tan importante para la historia del cine.

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