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, 26 de de 2020

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Barça - Madrid

El fútbol y la política han cruzado sus caminos muchas veces, pero no muchas veces con los vidriosos perfiles del día de hoy

VÍDEO: ROBERTO CUADRADO

Esta tarde-noche, en el Camp Nou, Barça-Real Madrid. Por el momento va ganando el llamado Tsunami Democràtic. Comenzó ya su victoria desde el momento en el que la Liga de Fútbol Profesional decidió desplazarlo de su fecha el día 28 de octubre, una decisión que se entiende por la tensión del momento pero que, a mi juicio, resultó equivocada porque regaló a los independentistas un mes de publicidad gratuita a escala mundial.

Este llamado Tsunami Democrátic -cuyos padres son desconocidos pero cuyos padrinos se intuyen- emergió el pasado día 2 de septiembre y que dicen que tiene un gran dominio sobre las nuevas tecnologías, está goleando con cada una de las anomalías que rodean el encuentro. Para empezar con esa especie de encierro sanferminero que han organizado en lo que el mundo de fútbol llama 'la previa': los futbolistas de ambos equipos, los árbitros, los directivos de ambos clubs, concentrados en un hotel, encerrados en un hotel, como enchiquerados en el hotel, para desde allí recorrer la distancia que les separa del estadio, 400 metros, en una calle encajonada por la policía. Luego nadie sabe qué más preparan. Y la misma imprecisión de la amenaza está amplificando su efecto y se recuerda además la capacidad de estos activistas para -no exactamente lo del Tsunami, porque no sabemos si son los mismos o distintos de aquellos, pero seguramente serán parecidos- pero esta capacidad del activismo para burlar los controles, como demostraron el pasado 1 de octubre 2017, cuando consiguieron que aparecieran papeletas y urnas.

El fútbol y la política han cruzado sus caminos muchas veces, pero no muchas veces con los vidriosos perfiles del día de hoy. En la batalla tan dura que el Gobierno español está emprendiendo por todo el mundo para derrotar en el relato de lo que está pasando al secesionismo es relevante, a mi juicio, lo que pueda ocurrir con esta movilización o con esta iniciativa, con esta contestación, que pretende componer un gigantesco spot independentista ante 650 millones de espectadores de 180 países. Yo sinceramente creo que la cosa no va a pasar a mayores porque las fuerzas de seguridad, que han desplegado 3.000 efectivos ante lo pregonado de la iniciativa, tendrán previstas todas las contingencias y porque el fútbol, tan pronto como comience el balón a rodar, impondrá su apabullante poder.

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