Viernes, 27 de Noviembre de 2020

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"Ahora el Hambre está en Asia"

Olivier Longué, de Acción Contra el Hambre, hace un repaso por la situación del hambre y la superpoblación. Asia es un ejemplo de que el desarrollo no siempre va acompañado de la reducción del hambre. En la India hay muchos más casos de desnutrición aguda que en cualquier otro país del mundo

El segundo objetivo de desarrollo sostenible que se marcó Naciones Unidas era alcanzar el hambre cero, pero estamos muy lejos de alcanzar ese objetivo. “Íbamos bien hasta el año pasado, el hambre bajó en los veinte últimos años, pero ha vuelto a subir para llegar a 821 millones de personas con hambre”, lamenta Olivier Longué, de Acción Contra el Hambre.

Si bien es una subida relativa, porque también hay un crecimiento de la población, por lo que el hambre se reduce en términos generales, esa reducción es demasiado lenta y la tendencia de los últimos años no es buena.

Longué explica que el hambre no es un fenómeno que se dé por casualidad, sino que se debe a la violencia. “Tenemos unos 45 conflictos en activo, como los de Yemen, Siria o Venezuela, y esos conflictos provocan hambre. El hambre no es algo que cae del cielo. El cambio climático es una gran causa del hambre, pero la violencia es la primera causa.”

El conflicto en Siria, para Longué, es un ejemplo importante de este fenómeno. Cree que no se puede entender este conflicto si sólo se conecta con la primavera árabe. Se debe relacionar con los cuatro años de sequía brutal que hubo de 2005 a 2007 con una enorme subida de precios.

En una década la población mundial ha aumentado en 700 millones de habitantes, hasta los 7.700 millones, y aunque Olivier Longué cree que sí hay alimentos para todos, “hay una distribución que no es eficaz”.

Acabar con la pobreza no acaba con el hambre

África es uno de los continentes que más preocupan. Allí, la ONG ha comprobado que hay algunos países que están avanzando. Sin embargo, “el hambre a día de hoy está en Asia”, asegura Longué. Por ejemplo, en la India hay muchos más casos de desnutrición aguda que en cualquier otro país del mundo. Este país tiene más de un millón y medio de niños con desnutrición aguda, mientras que el segundo país con un nivel de desnutrición aguda tan alto es Nigeria, con 200.000. Por lo tanto, Asia es un ejemplo de que el desarrollo no siempre va acompañado de la reducción del hambre.

También hay ejemplos de casos contrarios, como el de Perú, donde se ha logrado en los diez últimos años casi eliminar la pobreza extrema, aunque mantiene el mismo nivel de desnutrición, lo que indica que “más allá del ingreso económico, el dinero no va a la nutrición de los niños”.

En el hambre influyen también factores culturales y sociales que contribuyen a acrecentarla o reducirla. Aunque Olivier destaca que en entornos de violencia es mucho más difícil el cambio cultural.

La soberanía alimentaria, la capacidad de un país de producir sus propios elementos, es otro de los conceptos clave en la lucha contra el hambre. Países como Japón o Reino Unido no producen ni la mitad de la comida que necesitan, lo que no les impide crecer, por eso Longué cree que la soberanía alimentaria es más un concepto ideológico que depende de fuerzas extranjeras y “no se conecta con el uso de los recursos agrícolas”.

Si bien las perspectivas para la próxima década no son demasiado buenas, Longué celebra que se han conseguido avances importantes en grandes temas de desarrollo como la reducción de la mortalidad infantil, el control de la desnutrición aguda o la mejora de las tasas de mortalidad de mujeres y su acceso al mercado laboral.

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