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Jueves, 23 de Enero de 2020

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Despedida de un presidente en funciones

España se está acostumbrando a un estado de clímax en el que sólo recordamos despedidas de soltero, o sea vísperas, y ni una noche de bodas

A mí lo de mañana me recuerda a una boda. Una de esas bodas dificilísimas en la que los novios no se pueden ni ver pero tienen que casarse porque si no se casan otros. Una boda estúpida pero necesaria. En la que ha habido que negociar ya no las mesas de los invitados, que esto es natural, sino hasta el último cubierto. Y esto que hemos visto hoy en España es tan sencillo como una despedida de soltero. Por eso las despedidas se hacen con tiempo, porque si las haces la noche anterior normalmente no hay boda. Nada que no nos enseñase la película Airbag. Por eso uno de los novios quiso adelantar la boda a toda prisa para evitar este fiestón y que con el fiestón todo saltase por los aires. Por eso España se está acostumbrando a un estado de clímax en el que sólo recordamos despedidas de soltero, o sea vísperas, y ni una noche de bodas. Y por eso esto va acabar a partir de mañana como siempre, como aquel bautizo de Bembibre: con todos los invitados haciendo la conga y saliendo del restaurante sin pagar. Lo que se conoce como simpa, si no fuese porque técnicamente no lo es: el estropicio lo pagaremos los de siempre.

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