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Lunes, 24 de Febrero de 2020

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'Malasaña 32': fantasmas en la Transición

Albert Pintó dirige en su segunda cinta esta historia de terror ambientada en los años 70. Una familia huye del pueblo en busca de esperanza en la capital, pero la aventura, la ilusión de progreso se convierte en pesadilla en su propia casa

Begoña Vargas y Sergio Castellanos, dos de los jóvenes talentos del audiovisual español, encabezan el reparto

El reparto de 'Malasaña 32'

El reparto de 'Malasaña 32' / WARNER BROSS

El cine español utiliza el terror para mirar al pasado. Si Paco Plaza situó en la Vallecas de los 90 Verónica, el director Albert Pintó ambienta en el Madrid de la Transición su segunda cinta. Inspirada en hechos reales, la idea proviene del equipo de Bambú, la productora de series como Fariña o Las chicas del cable. Dos de sus responsables, Ramón Campos y Gema R. Neira, firman el guión de esta historia castiza para la que buscaron al cineasta catalán tras el éxito de su primera película, Matar a Dios.

"Me siento un director bastante polifacético, me gusta que me lleguen guiones del género que sea. En el terror te lo pasas muy bien porque te da muchas herramientas y muchos mecanismos, es un género muy completo donde juegas con todos los elementos del cine. La fotografía, el sonido, la música, el color... todo va para generar esa atmósfera, pero la verdad es que soy muy visual cuando me llegan los guiones, rápidamente veo cómo enfocarlo, cómo darle un poco mi signatura, mi sello para que no sea sencillamente una película más", asegura el realizador.

A finales de los 70, una familia, con muchos secretos, huye del pueblo en busca de esperanza en la capital. Y compran un piso en la calle Manuela Malasaña, en uno de los barrios que simbolizaba el cambio de época en Madrid. Las oportunidades laborales, trabajo en los camiones Pegaso y Galerías Preciados, abrían un nuevo horizonte para esta familia con tres hijos y un abuelo a cuestas. Pero la aventura, la ilusión del progreso se convierte en pesadilla en su propia casa. "Básicamente se trataba de generar ese contraste y esa ironía de que, cuando llegas con toda la ilusión, vas a recibir un bofetón nada más bajar del coche y te vas a dar cuenta de que aquí vas a estar peor que en el pueblo. Y te vas a encontrar una ciudad muy agobiante, muy gris, muy oscura, y sobre todo muy violenta, que va a sacar de debajo de las alcantarillas todo ese barro, todos esos problemas que la familia llevaba y quería tapar con esta mudanza, y se van a dar a cuenta que tienen que superar sus problemas para solucionar un mal mayor".

Una crítica a la alienación en las grandes ciudades y el falso progreso social con un reparto sin estrellas. El director busca empatizar con los personajes y que el espectador recorra el viaje a la oscuridad con ellos sin distracciones de rostros conocidos. "Da más miedo cuando no conoces tanto a los actores, cuando hay caras algo más desconocidas la empatización es más rápida con el público y creo que conectas más, haces más pequeño ese viaje de distancia entre la pantalla y el espectador, vives más de cerca y sientes más real su vivencia que si ves a un Javier Bardem que se asusta, que dirías: pégale una hostia al monstruo y sal corriendo”

Iván Marcos y Bea Segura encarnan el papel de padres, una pareja sin casar en esa época, en un reparto en el que destacan dos jóvenes talentos, Sergio Castellanos, actor de La peste, y Begoña Vargas, intérprete que ha participado en series como La otra mirada. “Además de ser mi primera película, soy fan del género de terror. Ha sido muy emocionante, como poner un check de cosas que quería hacer en mi vida, y Amparo es un personaje maravilloso con muchos matices que hemos ido puliendo. Estoy muy orgullosa del resultado”, cuenta la joven actriz.

Al elenco se suman dos colaboraciones especiales, la de Javier Botet, habitual monstruo y referente del terror nacional e internacional, y Concha Velasco como una enigmática señora que parece disponer de muchas respuestas. En la propuesta de Albert Pintó el terror viene de lo cotidiano y de elementos reconocibles, algunos ya en desuso, que son un eficaz recurso para componer esa atmósfera. Hay peonzas, canicas, cabinas telefónicas, crucifijos y hasta un recuerdo de los programas infantiles de TVE.

El juego de luces y sombras, del fuera de campo, de sugerir más que de mostrar sustos, sirven al director para entrar, de día o de noche, en este espacio terrorífico sin artificios y con poco espacio para la improvisación de los intérpretes. “Necesito el miedo en tus ojos, en este mecanismo que estamos generando necesito ver el terror, en el fondo lo bonito es no ver lo que te da miedo, si no ver el rostro del protagonista ante lo que tú no ves. Esa sugestión del fuera de campo lo tenían que dar Begoña y el resto del casting". La música también acompaña en este viaje, suenan Julio Iglesias y Raphael, pero la canción de la película la firman el Chojín y Nita, de Fuel Fandango.

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