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Domingo, 31 de Mayo de 2020

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Una iniciativa solidaria da una segunda vida a objetos que ya no usamos

Hablamos con los fundadores de dos proyectos relacionados con la economía colaborativa y la sostenibilidad

En ‘La Ventana’ hemos querido buscar historias relacionadas con la economía colaborativa y con una forma de reutilizar y de ser sostenibles. En Barcelona acaba de abrir una curiosa biblioteca: la Biblioteca de las Cosas. Se llama “biblioteca” porque en lugar de libros se pueden tomar prestados objetos, utilizarlos, y luego volver a devolverlos para que otras personas los usen.

Se trata de una iniciativa de consumo colaborativo en la que pueden participar, con donaciones o como voluntarios los vecinos, en este caso del en el distrito de Sant Martí de Barcelona. Parte de tres entidades distintas, una de ellas se llama NUSOS dedicada a fomentar la cultura científica y la sostenibilidad, y hemos podido hablar con Carles Crespo, uno de sus integrantes.

“Es una iniciativa que ya funciona en Londres desde hace años”, cuenta Carles, a la que se han sumado ciudades como Toronto, Bruselas o Berlín. Ahora mismo tienen unos 60 productos en esta curiosa biblioteca, “la mayoría vienen de donaciones de particulares, de empresas y adquisiciones que hemos hecho desde la propia biblioteca”.

Carles explica que han catalogado todos los objetos en cinco áreas: ocio y aventura (donde tienen una cámara gopro), hogar (un robot de cocina), curas y salud (con muletas o sillas de ruedas), bricolaje (taladros y demás herramientas) y oficina (como equipos de música). “El precio es totalmente simbólico, oscila entre un euro y cinco euros”, cuenta. 

‘Gratix’ una app para regalar lo que no necesitas

De manera parecida, existe una aplicación, ‘Gratix’, que permite regalar lo que no necesitamos. La app permite incluso publicar deseos por si alguien tiene algo que nos hace falta. En ‘La Ventana’ hemos hablado con José María García, fundador de esta iniciativa convertida en aplicación.

José María nos ha contado que “gran parte de nuestros usuarios son familias”. Por ello, la mayoría de los objetos que se intercambian, como bicis, juguetes o carritos de coche, tienen que ver con el crecimiento de los niños que, al crecer, se quedan inutilizables. “Aunque casi todo lo que se regala son objetos, también hay quien regala clases de guitarra, se pide ayuda informática o se pasean perros”, explica.

Ambas iniciativas no tienen un fin económico, sino que buscan dar una segunda vida a objetos que hemos dejado de utilizar pero que se encuentran en buen estado. Además, con motivo del intercambio de objetos, se crea un espacio de relación entre los vecinos; tanto donantes como quienes lo reciben.

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