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Jueves, 20 de Febrero de 2020

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Derecho a morir

Hoy hemos conocido datos muy interesantes sobre cómo y por qué se muere en España. Que tiene relación con cómo se vive, claro. Lo publica el diario ‘El país’, es el primer gran atlas de la mortalidad, con detalles muy llamativos. Por ejemplo, en Extremadura existe mayor riesgo de cáncer de pulmón. ¿Por qué? Porque es la comunidad con mayor número de fumadores.

O la diabetes, una dolencia asociada a la comida basura, está más presente en Andalucía que en el País Vasco; Canarias tiene la población más obesa de todo el país; y en la cuenca minera asturiana, por citar otro caso, se han producido en las últimas décadas más muertes por enfermedades respiratorias.

Todo lógico, pero muy interesante como digo, porque también en esto se refleja la desigualdad entre territorios. Y sin embargo hay algo en España que nos iguala a todos: nadie puede decidir, con la ley en la mano, cuándo deja de vivir. Aunque las esté pasando canutas, aunque el dolor sea insoportable, aunque la pérdida de facultades… ¡nada! No se puede.

Pero hay un porcentaje muy amplio de población que desea tener una ley de eutanasia, lo dice cada vez que se lo preguntan; sin embargo hasta ahora no ha habido manera. Y no será que no tengamos ejemplos, ¿eh? Dos muy recientes: el de Maribel Tellaetxe, una mujer enferma de Alzheimer que pidió ayuda a su familia para morir: “La abracé, estuvimos llorando juntos. A mí personalmente al final encontrarte a tu madre que te mire a los ojos, que te abrace, que te agarre los brazos y que te pida por favor: «No permitáis que yo no sea autónoma, no permitáis que yo pierda mi dignidad, mi integridad. No permitáis que viva sin recuerdos y que vivan sin saber quiénes sois» ¿Cómo puede haber una ley en el S.XXI que obligue a la gente a vivir con dolor y sufrimiento? Porque mi madre decidió no vivir desprovista de dignidad”.

O el de Antoni Monguilod, enfermo terminal de Párkinson, que publicó una carta reclamando la legalización de la eutanasia para evitar sufrimiento a todos: “Mi padre no quiere que suframos y nosotros también entendemos una cosa. Que es injusto que nos tengamos que encontrar en esta situación, peor más injusto es tener un sistema que no te ayude o te garantice un acompañamiento para que este trance no sea traumático. No es fácil ponerte en la decisión de que una persona que quieres tiene que acabar con su vida porque la situación en la que se encuentra no es sostenible y que te digan que es porque no quieres que sufra. Lo que pasa es que el sufrimiento tiene un doble camino. En las miradas podemos entendernos y ver que esta situación nos hace daño a todos”.

Nos hace daño a todos, efectivamente, bueno, pues la cosa puede cambiar. La próxima semana comienza en el congreso un nuevo trámite -otro- para aprobar la ley de eutanasia. Es la tercera vez. Ojalá que a la tercera vaya la vencida.

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Cadena SER

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