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Sábado, 22 de Febrero de 2020

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Muerte y soledad en la Mongolia profunda

El director chino Wang Quan'an retrata en 'El huevo del dinosaurio' (Öndög) la dura vida y los pequeños sueños de los habitantes de ese país asiático

Escena de El huevo del dinosaurio (Öndög)

Escena de El huevo del dinosaurio (Öndög) / Caramel Films

En 2006 el director chico Wang Quan’an ganó el Oso de Oro del Festival de cine de Berlín por la película La Boda de Tuya, una historia que transcurría en Mongolia, el país de la madre del director, y que contaba la odisea de una mujer que tenía que divorciarse de su marido para poder casarse con otro hombre para que este nuevo esposo pudiera mantenerles.

En El huevo del dinosaurio Wang Quan’an vuelve a llevarnos a los páramos de Mongolia para contarnos la vida de varios personajes que se encuentran, casi de forma casual, tras la aparición de un cadáver. La protagonista del film es una mujer a la que llaman Dinosaurio. Ella y un joven e inexperto policía deben pasar la noche al lado de los restos mortales e impedir que los lobos devoren el cuerpo. Al día siguiente sus caminos se separarán. Sin embargo, la noche que han pasado juntos va a condicionar su inmediato futuro.

Y es que lo que comienza como un thriller pronto va convirtiéndose una reflexión casi metafísica sobre la existencia humana. “Cuando me senté en la sala de montaje y vi por primera vez mi película terminada creía que había hecho una película sobre la vida, el amor y la muerte. Pero lo que vi era diferente a la vida, la muerte y el amor. Cuando estuve en Mongolia tuve que adaptarme a su sentido del tiempo. Interioricé el concepto mongol del tiempo”, explica el director.

Wang Quan'an, director de El huevo del dinosaurio (Öndög) / Caramel Films

Wang Quan’an pertenece a la llamada sexta generación de directores chinos, unos realizadores que hacen un cine sumamente realista y minimalista, casi como si fueran documentales. En El huevo del dinosaurio se habla de soledad, de amor, de maternidad. Todo con un ritmo pausado, lento y con muy pocos diálogos y muy pocos personajes. Un film que obtuvo la Espiga de oro en la pasada edición de la Semana Internacional de cine de Valladolid y también el premio a la Mejor fotografía. Unas bellas imágenes tanto diurnas como nocturnas que nos acercan a un lugar tan desconocido y lejano como Mongolia. Una tierra en donde aún es posible encontrar huevos de dinosaurio fosilizados. Una especie que desapareció de la faz de la Tierra, pero los humanos, como nos viene a decir la película, también desapareceremos algún día, y de nosotros solo quedarán también restos fósiles.

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