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Jueves, 28 de Mayo de 2020

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'Las niñas', de la educación religiosa del 92 al Pin Parental

Pilar Palomero presenta 'Las niñas', su ópera prima, en la Berlinale, una historia de iniciación y adolescencia que retrata el microcosmos de los colegios de monjas en el año 92

Fotograma de 'Las niñas'

Fotograma de 'Las niñas' / CEDIDA

¿Qué supone empezar el recorrido de la primera película en la Berlinale?

Es una maravilla empezar aquí. Berlinale es un gran festival que, además, estamos muy vinculadas a él. Realmente es como un sueño hecho realidad.

¿Hasta que punto tiene tintes autobiográficos?

Si tiene tintes autobiográficos. Es cierto que yo no soy la protagonista, pero todo el contexto en el que sucede la historia, esa Zaragoza del año 92, el colegio, todos los decorados que constituyen el contexto de la peli, sí son los míos, sí los he vivido.

Retratas el microcosmos que es un colegio religioso, de monjas, en los años noventa en España, ¿qué llevaba a contar lo que ocurre ahí dentro?

Lo que buscaba era retratar un tipo de educación que no solamente se centra en el colegio, que tiene que ver con cómo educar con familia y, sobre todo, cómo era la sociedad. Obviamente, el colegio es una parte fundamental. Echando la vista atrás, ahora ya adulta, sobre cómo fue mi educación, pues siempre partiendo de la base de que tantos mis profesores y mi familia quisieron darme la mejor educación posible, si veo que estaba pasada de moda y daba consejos contradictorios. Había una no educación sexual y eso es grave teniendo en cuenta la época, el año 92, donde el SIDA estaba causando estragos y no había información sobre eso. Pero es cierto que no es una película contra nada ni contra nadie.

El año 92 supone un momento en el que España se creyó moderna, la Expo del 92, las Olimpiadas de Barcelona, esa euforia contrasta con el retrato de la educación tradicional o anticuado, ¿hay un discurso revisionista en este sentido?

Es un año elegido a propósito y, además, yo tenía la misma edad que la protagonista. es un año muy simbólico, de euforia, de sentir que ya se había instalado una modernidad en España. Lo que me gustaría a través de la película es mirar y recordar cómo éramos y es que estábamos muy anclados en el pasado todavía, no solo en términos de educación.

¿Sigue habiendo prejuicios hacia las madres solteras?

Espero que no, creo que hoy en día no. Sí me sorprendió en toda la etapa de investigación del proyecto, que fue una cuestión que tardó. De hecho, la última casa de acogidas para mujeres solteras embarazadas se cerró en 1987. Parece que es algo de cien años, pero en el 87 había mujeres que no tenían dónde ir si se quedaban embarazadas, es que no es hace tanto. Muchas mujeres no tenían donde ir. Era algo que seguía afectando a las mujeres en el 92 que, además, vivían un estigma.

El estigma también se acrecienta con la diferencia campo y ciudad, algo que ha marcado y marca la historia de España...

Hubo una frase que me gustó mucho, que nos dijeron cuando estábamos localizando en uno de los pueblos: "Cuanto más pequeño el pueblo, más grande el infierno". No pretendo comparar ningún lugar o decir cuál es mejor o pero; pero sí es cierto que cuanto más grande es el lugar donde vives, más libre es. No siempre es así, pero suele serlo.

La película es un retrato de adolescencia, de camino a la madurez, un retrato que en el cine en general, y en el cine español en particular, es sobre todo masculino

Precisamente de lo que más ganas tenía es hablar de cómo es la pubertad siendo mujer, a través de cómo lo viví yo. Como cinéfila, como espectadora me faltaban películas sobre este tema. Las hay, por supuesto, pero sobre todo son historias de iniciación desde el lado masculino y yo tenía ganas de reflejar mi experiencia y la de otras mujeres.

¿Sigue habiendo represión en la educación hacía las mujeres?

Estoy segura de que sí. Puede ser incluso que esté habiendo un repunte. He estado dando varias charlas en institutos y colegios con la película y los profesores sí me comentan que está habiendo un repunte de machismo y de relaciones tóxicas entre chicos y chicas y que genera preocupación. Lo positivo es que ahora estamos alerta y antes no lo estábamos. No nos planteábamos si la educación era machista o no, simplemente aceptábamos el mensaje.

Aparecen elementos como la Superpop, la música de Héroes del Silencio... hay elementos que reflejan no sé si una generación o varias

Ojalá se vean reflejados, pero a mí lo que me encantaría con la película es que, sea cual sea la educación que cada uno hemos recibido, porque hay muchos tipos de educación, la película pueda llevar a la reflexión de cómo somos el resultado de la educación que hemos recibido y que nos lleve a aquellos años y nos haga ver que somos como nos han educado. Esto a nivel intelectual, luego me encantaría que todo el mundo mire como mira Celia en la película

Una parte del éxito de la cinta se basa en el reparto, en la elección de las niñas, junto a Natalia de Molina, ¿cómo ha sido el trabajo con ellas y cómo las has encontrado?

Ha sido difícil y maravilloso a la vez. Fue muy intenso a la hora de hacer el casting. Vimos a más de mil niñas de Zaragoza y Barcelona. Luego en los ensayos hacíamos sesiones como informativas en las que les contábamos cosas de ese año, de esa época, de nuestra adolescencia, de lo que hacíamos, de cómo hablábamos, de cómo nos divertíamos, que no teníamos móvil... Esto les sonaba a chino. No leyeron el guion, nunca se lo entregamos. Partíamos de una situación e íbamos improvisando y modelando la escena. Hay diálogos improvisados y escritos, pero ellas los hacían suyo. Esto con el grupo de chicas, luego con la protagonista y con Natalia de Molina sí que creamos ya situaciones más íntimas.

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