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Martes, 31 de Marzo de 2020

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OPINIÓN

Cuando nadie tenía teléfono

El escritor Javier Pérez Andújar reflexiona sobre la actualidad política y social

El escrito Javier Pérez Andújar

El escrito Javier Pérez Andújar / Cadena SER

Ahora todo el mundo tiene su móvil, pero me acuerdo de cuando nadie tenía teléfono y se iba uno a casa de la vecina a recibir la llamada de la familia del pueblo. La vecina era la refutación española a toda la filosofía de Sartre. Porque si el infierno eran los demás, vecina sólo era la de al lado. Únicamente ella tenía teléfono, y el rellano era una sucesión de puertas de madera que se turnaban para fregar las escaleras.

Desde el Gila hasta Martes y 13, todo el humor español está basado en hablar por teléfono. Empezamos telefonenado al enemigo, el Gila es un resucitado de la guerra civil, y acabamos comiendo empanadillas en Móstoles el mismo año en que llegamos a Bruselas con ganas de comernos Europa. El teléfono nos recordaba que veníamos de un país de místicos donde el alma vale más que el cuerpo, y así una cosa era tener el aparato y otra que te dieran línea. Entonces volvía yo del colegio y levantaba corriendo el auricular para ver si sonaba, pero ahí tan sólo se oía el silencio del plástico como un océano industrial. Hasta que un día, de golpe, escuché el pitido permanente, la señal de que ya había vida telefónica. Si el mundo exterior tenía alma, seguro que estaba en ese sonido. En el teléfono latía una enseñanza que nos decía: tú tendrás teléfono, pero hablarás cuando nosotros lo digamos. Entonces a eso, al poder, se le llamaba “ellos” y de tal modo se acuñó la frase “es de ellos”, que se usaba sobre todo delante de la tele. Fue con la buena vida cuando pasamos de temer al poder a temer a sus víctimas, y así en vez de decir “ellos” empezamos a decir “los otros”. Hasta que en una peli de fantasmas, Amenábar nos explicó que los otros éramos nosotros. Y desde entonces sólo hablamos de nosotros, y por tal razón ahora usamos el teléfono para hacernos selfies.

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