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Lunes, 06 de Abril de 2020

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Tiempo de codos y balcones

Un día ya lejano, hace 144 horas, cuando todavía se podía ir a los bares, al cine, al fútbol, al colegio, al teatro, al parque, a los conciertos, a las fiestas, a los gimnasios, a los talleres, a las conferencias, a las casas de padres e hijos

Nunca hubo dudas. Sabemos que usted es una persona prudente, bien informada. Pero en los últimos días, igual que todos, se ha desorientado. Los llamamientos a la responsabilidad serena conviven con las ventoleras de histerismo y las voces apocalípticas. Así es difícil no desinflarse, no sentir una flojedad de ánimo indefinible.

¡Vaya! , esa tos…

No se preocupe, mire con qué serenidad se mueve su pareja por casa, aunque entendemos que usted no pueda evitar ir a lavarse. Por si acaso. Sabemos que usted no es una persona aprensiva. Solo sigue las recomendaciones. Desde que empezó esto, ¿cuántas veces se lava al día? , ¿cuántas veces recurre al gen desinfectante?, ¿cuánto papel lleva gastado?

Vigilia cada señal infrecuente de sus huesos y alvéolos y vive su propio estado de alerta interior. Por ejemplo, le duele el codo, ¿verdad? Empujar puertas, encender y apagar interruptores, llamar a los ascensores… La humanidad acaba de descubrir los codos. Es normal. El mundo está lleno de puertas, los codos y los puños de las mangas han acudido en su ayuda.

Nunca ha sido tan consciente del sentido del tacto. Hace recuento de las cosas y personas que puede llegar a tocar y la de veces que esos dedos que usted tiene van inconscientes a la boca, a los ojos y a la nariz.

Durante los viajes en transporte público ha contenido la respiración a cada tos. Tosecitas clandestinas que se escapaban sin querer, con la mirada baja y culpable. Algunas explosivas e irrefutables que le obligaban a hacer ejercicios de apena entre estación y estación y a cambiar de autobús o vagón.

¿Y en el trabajo? ¿Es de las personas afortunadas que no lo ha perdido y que además pueden ejercerlo desde casa? ¿Recuerda aquellos días en que teletrabajar solo era una posibilidad remota y las toses y los estornudos solo resfriados desechables? Hoy su jefa, su jefe, no quiere verle por allí. Todos somos sospechosos.

Un día ya lejano, hace 144 horas, cuando todavía se podía ir a los bares, al cine, al fútbol, al colegio, al teatro, al parque, a los conciertos, a las fiestas, a los gimnasios, a los talleres, a las conferencias, a las casas de padres e hijos… Hace 144 horas usted decidió ir caminando a todas partes manteniendo las distancias, aplicando un sistema intuitivo de telemetría.

“Viajero entrando por la izquierda…, intruso saliendo del portal … bebé aproximándose…, grupo de frente…, tos inminente…”

¿Recuerda aquellos días cansinos y clonados y en los que solo hablábamos del independentismo , de las patrias y de no sé qué ? Volverán a secas, sin paracetamol. Pero hoy todas las conversaciones están contagiadas y los periódicos, las teles, las radios no paran.

Ha estado acumulando angustia, agotamiento y fragilidad. Por momentos no puede más y desea apagar el mundo. Pero está aquí y ahora.

Será un tiempo de balcones y ventanas. Con extrañeza y nostalgia verá llover, irá con suspicacias al supermercado, acudirá precavida al trabajo o hará números pintados de rojo, ordenará la casa, jugará partidas eternas, verá películas, beberá buen café, hablará más que nunca con los suyos, cocerá esponjosas magdalenas, asistirá a partidos de baloncesto en el salón de casa, reordenará las fotos de las últimas vacaciones , se acordará de quienes están solos, leerá, escuchará música, se aburrirá, disfrutará del silencio, contará historia, escuchará los pájaros, soportará las sombras de desánimos y tristeza que traigan algunos días, se enfurecerá con cosas que oiga reirá con otras, vivirá. Pase un buen día.

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