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Viernes, 03 de Abril de 2020

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Estado de alarma

La desprotección de las empleadas del hogar en el estado de alarma

Hablamos con protagonistas y expertos sobre la situación de precariedad que viven las empleadas del hogar, desprovistas de protecciones laborales en la crisis del coronavirus

El colectivo de las empleadas de hogar se encuentra prácticamente desprotegido ante la situación excepcional del estado de alarma. Muchas empleadas del hogar están viendo cómo sus empleadores les dicen que, durante el aislamiento, ya no necesitan sus servicios y dejan de pagarlas. Y ellas dependen de ese trabajo para salir adelante.

"En una de las casas en las que trabajo me dijeron que no fuera más, y si no voy, no cobro, o sea que estoy perdiendo dinero", nos cuenta la empleada del hogar Paola Amalgama, que también trabaja cuidado personas mayores. "En una casa fui yo la que pidió que me siguieran pagando porque tengo que llegar a fin de mes como cualquier persona, tengo los mismos gastos".

Rafaela Pimentel, miembro del colectivo Territorio Doméstico, relata la inseguridad que vive este sector laboral, desprovisto de prestación por desempleo y otras protecciones laborales. De hecho, las fórmulas de despido son sencillas: basta con una comunicación del empleador unos días antes. "Las internas que se quedan en casas se han tenido que quedar allí, no han podido conciliar con sus familiares, llevan semanas sin verles", afirma Pimentel, que denuncia que en el sector la precariedad lleva a situaciones de riesgo por miedo a perder el trabajo. "Se juegan su propia salud para seguir trabajando porque dependen mucho de ese empleo", dice. 

Para Marga León, profesora de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en políticas del Estado de Bienestar, la situación en la que se encuentran las empleadas del hogar es "una caja negra" de la que poco se sabe. "Sabemos que trabajan en hogares pero no podemos distinguir quién hace trabajos de limpieza y quién trabajos de cuidados. Son tareas distintas y tienen necesidades distintas. Es un problema que está ahí pero que parece que no existe para las estadísticas", afirma la experta.

Por su parte, María Jesús Monedero, una mujer jubilada, sigue pagando a su empleada al hogar. "Si yo sigo cobrando la pensión me parece lo lógico. Quienes mantengan su salario deberían seguir pagando a su empleada del hogar porque es un colectivo que no se puede acoger a regulaciones", concluye.

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