Jueves, 06 de Agosto de 2020

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Fortaleza mental en tiempos de encierro

El psiquiatra Jesús de la Gándara explica en La Ventana cómo afrontar la ansiedad ante una crisis que pone a prueba nuestra capacidad de adaptación

Iniciamos la tercera semana de confinamiento y la situación, a quien más y a quien menos, empieza a pasar factura en el estado de ánimo. Mucho más si se forma parte de ‘ese 10 ó 12% de personas que tienen algún tipo de trastorno psicológico, desde enfermedades mentales graves a problemas de ansiedad, depresión, fobias o angustia’. Así que en La Ventana hemos abierto este lunes una consulta virtual con nuestro psiquiatra de cabecera, Jesús de la Gándara, jefe de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, para ayudarnos a entender lo que sentimos estos días y cómo podemos lidiar con ello.

‘Ansiedad y control son términos antitéticos. Nuestro cerebro no es capaz de procesar ambas sensaciones de forma simultánea, por eso la clave está en mantener el control’, ha asegurado De la Gándara. La parte buena de este principio psicológico es que, si aumentamos nuestra sensación subjetiva de control, lograremos reducir la ansiedad que genera esta crisis y la situación de confinamiento.

Para ello ayuda ‘parcelar y agendar tu realidad inmediata. Hacer primero una cosa y después otra. Echar mano de los hábitos y, en la medida de lo posible, hacer las cosas que te gustan”. Y eso es lo que tanto él como sus compañeros del servicio de Psiquiatría del hospital de Burgos intentan hacer estos días tanto con el cerca de centenar de pacientes ingresados que atienden, como con las muchas consultas ambulatorias que se han reconvertido en telefónicas. ‘Hemos puesto en marcha un servicio bautizado como ‘No te veremos pero te atenderemos’, y así mantenemos un contacto diario y actualizado con todos los pacientes’.

Aunque es inevitable que estos días se incrementen las sensaciones de ansiedad o angustia en los pacientes, De la Gándara está observando ‘que en general la respuesta está siendo muy buena. Es nuestra percepción, al menos en el área sanitaria que nosotros controlamos, que da asistencia a unas 400.000 personas’.

En eso juega a favor, la poderosa capacidad de adaptación del ser humano, ‘unos mecanismos adaptativos que empiezan a manifestarse a partir de las dos o tres semanas de entrar en una situación nueva’. ‘Esta crisis no es una guerra, es una prueba y tenemos que aprender cómo adaptarnos a esta situación’ explica.

Con los oyentes de La Ventana, en esta especie de terapia improvisada, De la Gándara ha compartido reflexiones sobre el confinamiento en los más pequeños. A preguntas de Jordi, de Barcelona, ‘no cree que un mes de cuarentena vaya a suponer graves problemas para los niños’ y tampoco es partidario de caer en actitudes de sobreprotección. A los padres les ayudamos con información y a los niños también, con información adaptada y eso implica actividad’.

‘Ante un dato amenazador simplificando sólo hay dos actitudes, tanto colectivas como individuales. La de quien lo interpreta como un problema para el que hay buscar una solución, y la de quien lo ve como una alarma y se queda bloqueado en la angustia y una visión catastrofista‘.

De cuál sea el enfoque que tengamos, o del que tengan las personas que nos rodean y que pueden prestarnos apoyo, dependerá probablemente nuestro estado emocional.

Situaciones como ésta nos sirven para reflexionar también sobre la resiliencia del ser humano ante situaciones de sufrimiento. Una lección que nos ha dado Concepción, de Ponferrada. ‘Yo hace once años perdí a mi hija mayor, Desiré. El primer año fue una locura, pero a partir de que vas tomando conciencia, empiezas a ver las cosas de otra manera. Y yo quiero pensar que es para mejor, que somos mejores personas ahora’. Hoy Concepción se siente algo mejor, pero reconoce que ayer fue un día ‘duro, triste’. ‘Los domingos se me hacen cuesta arriba porque es cuando solía ir a comer con mis padres, que tienen ochenta años, y que están bien pero solos y en el pueblo’.

Otros bálsamos valiosos para afrontar estas situaciones son la solidaridad y la empatía que están aflorando en muchas personas e iniciativas. Una actitud que ayuda a los demás y que también nos reconforma con nosotros mismos. Un ejemplo es el caso de Montserrat, de Santa Coloma de Gramanet, trabajadora de asistencia a domicilio a discapacitados. ‘Notas que agradecen que vayas. Habían oido en la tele que hoy no iba a ir mucha gente a trabajar y se sorprendían de verme. Yo les he respondido: ‘es que yo soy imprescindible’, y les he sacado una sonrisa. Estos días intentamos que se serenen, sin engañarles pero sin contribuir a su angustia. Sé que somos su ventana al mundo, los únicos que les contamos lo que pasa por el barrio’, ha contado en una ‘terapia radiofónica’ que en unos días repetiremos en La Ventana.

 

 

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