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Lunes, 01 de Junio de 2020

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La firma de Iñaki Gabilondo

La operación salida

Las tragedias unen a las naciones, se dice, pero eso a nosotros no nos pasa, porque el cainismo en nuestra política lo impide; es una desgracia nacional que promete complicar la larga y durísima operación salida

Iñaki Gabilondo

Nos preguntamos sin cesar cuándo acabará el confinamiento, cuándo podremos volver a la normalidad;  tenemos que afinar esas preguntas porque están desenfocadas. Ni habrá un día en el que suenen las campanas y se dé por finalizada la emergencia ni habrá una normalidad a la que regresar. Tenemos que prepararnos para un proceso largo. El coronavirus va a seguir con nosotros durante mucho tiempo, remitiendo poco a poco, mientras en paralelo, también poco a poco, irá inmunizándose la sociedad. Todos en espera de la vacuna que lo neutralice. 

Pero la hibernación de la actividad económica no podrá prolongarse, en pocas semanas los motores tendrán que ponerse a funcionar, y tal vez escalonadamente, los distintos sectores se irán incorporando. Como tal vez también escalonadamente, dejando para el final a los más mayores, iremos abandonando el confinamiento. 

La actividad económica y la vida social convivirán con el coronavirus en su fase decreciente durante bastante tiempo. 

No habrá normalidad económica a la que regresar. Nos encontraremos con enormes escombros empresariales, laborales, sociales, humanos, que van a precisar un esfuerzo titánico de todos juntos. Y aquí es donde vuelve a aparecer el problema insoluble, la incapacidad de nuestra política para unir sus fuerzas ni siquiera en la mayor de las catástrofes. Eso nos asegura que acometeremos divididos la inmensa tarea de reconstrucción económica y social que nos espera. Esta dramática travesía no está sirviendo para unir a la tripulación política a pesar del ejemplo de la ciudadanía confinada. El Gobierno no está compartiendo nada con nadie en una interpretación equivocada en el mando único. La oposición juega a la lealtad de goma, que se estira y se encoge no solo en función de los fallos del Gobierno si no de sus propios cálculos.

Las tragedias unen a las naciones, se dice, pero eso a nosotros no nos pasa, porque el cainismo en nuestra política lo impide. Es una desgracia nacional que está haciendo más difícil la terrible batalla actual y que promete complicar la larga y durísima operación salida. 

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