Martes, 22 de Septiembre de 2020

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En busca de la risa

Necesitamos que preste atención y escuche el reportaje hasta el final. Son estímulos sonoros muy sencillos. Pero quizás le hagan reír. Pruebe

Esta es la situación. Lleva 30 días confinado y cumpliendo con rigor los dictados del estado de alarma. Está en la cocina, frente a un barreño de plástico rojo frotando cartones de leche y botes de garbanzos con una bayeta 'Ballerina' empapada en agua con lejía al lado de su mujer. Ha llegado del supermercado y en la boca del estómago se le agria el miedo. Tiene la sensación de haberse jugado la vida.

Al principio pensó que sólo serían unos días de distensión en el trabajo y de agradable vida hogareña. El riesgo, si lo había, era para otros. Su familia, sus amigos, sus compañeros saldrían indemnes. Pero la enfermedad y la muerte ya tiene nombres para usted. Todo va a salir bien, se dijo. Y ya sabe que no.

SÍ, hay que levantarse y seguir.

Intenta combatir el desánimo y la parálisis acudiendo a consignas optimistas de plástico: “Al mal tiempo buena cara”, “hay que ver el lado positivo de la vida”, “todos los días ocurren cosas buenas”, “cuando se cierra una puerta se abre una ventana”, “debemos aprender a sonreír en cualquier situación”, “hay que endurecerse y resistir”, “lo más importante es mantenerse positivo”. Pero, ¿cómo se hace eso cuando a sus ojos hasta el cielo tiene el sospechoso color de la mierda?

Ha sido obediente. Se ha impuesto horarios, una rutina. Ha hecho ejercicio diario, más o menos, ha compaginado el teletrabajo con las labores de casa y los juegos porque usted, afortunado, no ha perdido el puesto. Ha arreglado lámparas, retirado el vinilo adhesivo del dormitorio y pintado la librería de Ikea con spray azul y un bote de pintura Titán, ha tirado de archivos y hemerotecas para alimentar sus aficiones, ha podado el bonsái, ha preparado y ha tomado el aperitivo por videoconferencia para mantener alta la moral y ha cantado que resistirá “erguido frente a todo” y que si le hablan al oído, “todo tiene otro sentido, Agapimú”. Hay imágenes.

Las enumeraciones parecen ocupar todo, pero están llenas de huecos. Y en esos huecos se va acumulando la ansiedad, los enfados, la falta de motivación, la dejadez, la soledad… así que se afana en ocuparlos cocinando para la familia. Mantiene largas conversaciones con padres, hermanos, amigos. Se suma a los pequeños gestos solidarios para sentirse parte de todos, ha dosificado su exposición a los aluviones de información, intenta pensar solo en el futuro que coge en el programa mixto de la lavadora, lee, escucha, ve cine. Entonces todo va bien.

Pero el Covid-19 ni siquiera ha oído hablar de Berlanga. Solo sabe mentir, multiplicarse, toser y ahogar. Aunque debemos insistir con el humor.

Hay unanimidad en que la risa es el mejor bálsamo para anestesiar los efectos de esta y otras situaciones extremas. Además, mejora la salud y ayuda entender el mundo. Así que le proponemos participar en un experimento que parte de la base de ensayos pasados y que, de funcionar, activará su sistema límbico y pondrá en marcha los mecanismos que fabricarán y darán voz y forma a su risa. Por ejemplo, los músculos cigomáticos.

Necesitamos que preste atención y escuche el reportaje hasta el final. Son estímulos sonoros muy sencillos. Pero quizás le hagan reír. Pruebe.

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