Miércoles, 05 de Agosto de 2020

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Coronavirus Covid-19

Repartir paquetes durante la cuarentena: ropa, animales y patinetes

José Luis, repartidor en Valencia, trabaja 12 horas al día para hacer hasta 80 entregas por jornada. Asegura que la gran mayoría de los productos no son de primera necesidad

Un repartidor realiza la entrega de un paquete en un domicilio de Ourense este jueves.

Un repartidor realiza la entrega de un paquete en un domicilio de Ourense este jueves. / Brais Lorenzo (EFE)

Este jueves conocimos que en Francia, por decisión judicial, Amazon solo podrá repartir alimentos, productos médicos y de higiene. En nuestro país, la lista de actividades esenciales elaborada por el Gobierno incluye a los trabajadores que se encargan de la “distribución y entrega de productos adquiridos en el comercio por internet, telefónico o correspondencia”, pero no especifica el requisito de que esos productos sean de primera necesidad. La consecuencia: los repartirdores no solo no han dejado de trabajar durante la pandemia, además trabajan más que nunca. "Como si todos los días fueran Black friday", asegura José Luis, repartidor de paquetería en Valencia.

Él trabaja para una pequeña empresa de Valencia, que a su vez presta servicio a una de las grandes compañías de reparto de paquetería a nivel mundial. Cuando se aprobó el estado de alarma, en un primer momento, le despidieron del trabajo porque creyeron que el nivel de envíos descendería drásticamente. Nada más lejos de la realidad. A los pocos días volvió a su puesto por la demanda de repartidores que se produjo, y no ha dejado de entregar paquetes en jornadas de 12 horas. Hasta 80 al día, sin contar las ausencias en el domicilio (que las hay), ni el servicio de recogida de paquetes que también efectúan. "Yo sólo llevo cuatro días destinado en esta zona y todavía no la conozco muy bien. Los compañeros que llevan más tiempo llegan a repartir 130 paquetes al días".

La relación de productos que el repartidor ha llevado a cientos de casas en las últimas semanas da a enteder que los consumidores no están especialmente concienciados con la exposición al virus de los trabajadores de reparto. "Estoy repartiendo peluches, mascotas, golosinas y hasta un patinete. Las grandes marcas de ropa lo están reventando y además hacen publicidad diciendo: compra más, que nosotros te lo llevamos... Y no, el que lo lleva soy yo", explica el repartidor, que no sale de su asombro: "Muchas noches llego a casa y le enseño a mis hijos las fotos. Antes repartíamos una o dos mascotas a la semana como mucho entre toda la oficina, ahora, todos los días repartimos dos o tres perros, pájaros, conejos, gallinas... Los últimos cinco pedidos que he llevado son tres ramos de flores, un desayuno y una caja de naranjas".

"Me impacta que la gente saga a aplaudir a los balcones, pero a la vez están en casa y compran todo lo que les apetece". Sin ir más lejos, el ya citado comprador del patinete le reconoció que no iba a usarlo para ir a trabajar, sino que lo encontró de oferta. José Luis, en cualquier caso, diferencia entre unos productos y otros. Y reivindica su trabajo como esencial, pero pide "que la gente no compre tontadas". La consecuencia, advierte, será dejar de lado otras entregas más importantes. "Nosotros también llevamos muchos productos de farmacia, medicamentos; o de informática, para la gente del teletrabajo; documentación bancaria; e incluso comida".

Los protocolos de etrega también han cambiado. "Obviamente no podemos entregar en mano [ni pedir la firma] y la gente tiene que bajar a por los paquetes", explica. Este proceso también le ha costado alguna polémica: "Una señora me dijo que no podía bajar porque estaba cuidando a una mujer de 80 años y le dije que mi madre también tenía esas edad y estaba en mi casa con mis dos hijos mientras yo repartía el paquete. Pido un poquito de empatía. Yo también tengo madre y también la tengo que cuidar".

La parte positiva de trabajar en este contexto, si es que la hay, es que la disminución del tráfico les permite aparcar con más facilidad que nunca. Sin embargo, hay un detalle en el que solo ciertos trabajadores de la calle han reparado: el cierre de los bares es un doble castigo para ellos. No pueden parar para descansar y comer o beber un café, ni hacer sus necidades fisiológicas. "Yo no puedo estar 12 horas aguantándome el pipí. Muchos trabajadores estamos fastidadiados y esperamos que abran bares de urgencia para atender a los que trabajamos en la calle: barrenderos, jardineros, repartidores...".

Tras atender en directo a A vivir, José Luis sigue trabajando en esta jornada laboral de sábado. Lo hará igual el lunes,  festivo en Valencia. Siempre le quedarán los domingos, su día libre. "Le he dicho al jefe que para el domingo me deje un par de cajitas más para no sentirme raro", bromea este trabajador "esencial" antes de volver a su desempeño.

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