Domingo, 20 de Septiembre de 2020

Otras localidades

Videollamadas, intimidad y postureo

Una de las consecuencias colaterales del confinamiento, ha sido la multiplicación y el persistente bombardeo de video-llamadas, video-conferencias y video-entrevistas. Queramos o no, todo el mundo tiene acceso a nuestras viviendas. Y nosotros a la de los demás.

Esto está generando numerosas complicaciones a la privacidad y nos está obligando a participar en un juego de apariencias y "postureos"

Aquel día Antonio Fraguas, Forges, dibujó a sus dos náufragos como solía: dándose las espaldas, con harapos y luengas barbas arrastradas por el suelo de la pequeña isla, más bien escollo, en medio del océano. Uno de los náufragos, en pie y mirando al horizonte, compartía en voz alta su pensamiento. Este: “Si tuviéramos cobertura wifi nos la podríamos comer…”

Hoy que las viviendas se han transformado en islas desiertas y sus náufragos puede comer chocolate y limpiarse el culo con papel higiénico, la cobertura wifi no corre peligro de ser canibalizada.

Nota aclaratoria. Partimos de una licencia literaria. Ustedes y nosotros sabemos que los náufragos verdaderos solo tienen hambre, miedo y, si acaso, una balsa de goma para zozobrar. Sigamos con el juego.

La ansiedad que acompaña al aislamiento preventivo, ha sobreexcitado nuestra necesidad natural de comunicarnos. Hay una aglomeración de náufragos haciendo señales de humo con routers, aporreando tantanes multitáctiles y desparramando megapíxeles para ser vistos y oídos desde las otras islas.Con una particularidad. Las llamadas de teléfono y los primitivos textos de los grupos de WhatsApp , especialmente poblados y corteses..

De fondo, busque una estantería llena de libros, una minicadena o una pared con algún cuadro / Getty Images

“Hola (exclamación) Hola (exclamación)(exclamación) Buenos días ( emoji)(emoji)(emoji) Buen lunes (exclamación)(exclamación) (exclamación)(exclamación)(emoji)(emoji)(emoji)Buenos días (exclamación)(emoji)(emoji)”

saben a poco en la actual situación. Necesitamos vernos. Nos urge sentirnos cerca. Pero está siendo agotador. Por muchas razones.Y aunque no podemos saber su rutina, podría ser esta.

Videoconferencia a las ocho con Hangouts. Café. Saca al perro. Pasa la fregona. Se lava las manos. Responde a los mensajes. Videoconferencia por Micorsoft teams. Aspiradora. Lavado de manos. Llamada por Skype. Desayunos de los niños. Llamada de la abuela a los nietos. Tutoría de la niña con Messenger. ¿O era Zoom? Se pasan a Whereby. Intenta concentrarse en el trabajo. Hay que tender la lavadora. Intenta concentrase en el trabajo. Videollamada por WhatsApp con sus padres. Intenta concentrarse en el trabajo. Videollamada por WhatsApp de su hermana. Intenta concentrarse en el trabajo - ¡Mami!, ¿dónde está mi libro de tecno? - Intenta concentrase en el trabajo. Reunión por jitsi meet. Se ha acabado el pan. Baja a la panadería. Lavado de mano. Intenta concentrarse en el trabajo. Videollamada de la niña con las primas. Intenta concentrarse en el trabajo. Hay que preparar la comida. Llamada de amigos por facetime . Intenta concentrarse en el trabajo. -¡Mami!, ¿dónde estás mis auriculares?- Portazo.

Los primeros minutos de las videollamadas no son fáciles. Hay que atravesar una espesa niebla de malas conexiones. Pero lo más importante no es lo que se diga, sino lo que se pueda ver detrás de usted. Porque el confinamiento ha hecho caer los muros de su vivienda. El mundo entero puede verle: jefes, compañeros de trabajo, clientes y la ciudadanía en general si es que usted personaje público. A cualquier hora. Y debe estar preparada para las llamadas a traición.

Rápido. Dos bocanadas de agua. Póngase algo encima del pijama, lo que sea. Mire ese pelo. Antiojeras. Color en los pómulos. Enfoque la cámara en dirección a la librería. Y sonría.

Las librerías de fondo son una de las opciones con más aceptación. En solo cuarenta días se han visto en las televisiones más libros que en los últimos sesenta años. Y eso está bien, pero no conviene repetir. Para una segunda videoconferencia, póngase un cuadro agradablemente sofisticado.

Apunte otra localización. Videollamada con equipo de música al fondo, a ser posible con discos de vinilo, en la pared un cartel de John Coltrane o de Billie Eilish o María Jiménez

Los balcones y las terrazas están cotizadísimos. Ahí arriba, en compañía del sol de abril y los geranios, se tiene la sensación de vivir en coto vedado a los problemas y la enfermedad. ¿Qué usted solo tiene un patio de luz? Disimule. Aduzca problemas de cobertura para no enseñar el jardín y ponga pajaritos de fondo. Si tiene un cactus o un poto, arrímese a ellos. Valdrán.

Algunas personas con quienes conecte por videollamadas, aviesas y taimadas, también alegarán problemas de cobertura. Le pedirán que se mueva de habitación en habitación. No se fíen. Quiere ver toda su casa.

Sigamos

¿Tiene máscaras africanas? ¿Fotografías familiares en la costa irlandesa? ¿Un sombrero charro mexicano? Que se note que es usted una persona que ha recorrido mundo. Llene las paredes del fondo con instrumentos exóticos. Los clarinetes, trompetas, guitarras también funcionan extraordinariamente bien.

Las que nunca fallan, son las videollamadas con la cocina de fondo. Tiene que simular naturalidad, cierta improvisación aunque siempre bajo control, aparentar que nada está premeditado y enseñar como al desaire su mejor plato.

Si la hora lo permite y quiere es transmitir sofisticación, colóquese estratégicamente para que salgan algunas botellas, una coctelera, una cubitera…

Pero si usted rechaza todas las opciones anteriores, sólo tiene que elegir una pared blanca y, si acaso, un trozo de puerta y un picaporte. O difuminar el fondo. Hay aplicaciones que le permiten esta opción. Aunque puede ocurrir que haya quienes piensen que usted está ocultando algo. No se lo van a poner fácil. La privacidad siempre es sospechosa y, además, está llena de agujeros.

La vanidad no está confinada. Y por muchos refranes que haya, una buena apariencia sigue teniendo su peso. Oscar Wilde, que sirve para todo, escribió que la verdad más profunda está en la apariencia. Otro escritor, J. M. Coetzee se preguntaba cómo habría que afrontar la vida si Oscar Wilde tuviera razón.

Por suerte siempre nos quedarán las videollamadas en pijama o de cualquier manera con quienes más queremos. Cuídense.

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