Domingo, 05 de Julio de 2020

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CINE EN CASA | REPORTAJE

Así se hizo 'Érase una vez en Hollywood', la película más personal de Tarantino

El director logró el permiso para cerrar Hollywood Boulevard en dos ocasiones, la hermana de Sharon Tate cedió joyas de la actriz y pagaron 1.000 euros por fotografiar el coche real de Tex Watson. Esta es la intrahistoria de la novena película de Quentin Tarantino, una carta de amor a la industria en el verano que cambió todo

Tarantino, durante el rodaje con Brad Pitt y Leonardo DiCaprio

Tarantino, durante el rodaje con Brad Pitt y Leonardo DiCaprio / SONY PICTURES

En 1969 Quentin Tarantino tenía solo seis años. De su memoria y de su pasión por el cine surge Érase una vez en Hollywood, su película más personal. Una carta de amor a Hollywood, que en esos años vivió su transición de la época clásica a la nueva industria, y también a todos aquellos que nunca tuvieron una gran oportunidad. Pero, además, la película es un homenaje a la ciudad que lo acogió, Los Ángeles, adonde llegó con dos años.

"Tengo la suerte de recordar cómo era la ciudad cuando tenía seis o siete años, cómo era una ciudad tan grande y tan icónica como Hollywood y poder recrearla, convertirla en lo que era, fue algo emocionante y fantástico", confiesa el director en el contenido extra de la película en formato físico. Tarantino rememora todas sus influencias, su cine favorito, su época de juventud, el ambiente que lo ayudó a formarse como persona y cineasta a través de las imágenes. "Me encanta estudiar la historia de Quentin, de cuando de joven trabajaba en un videoclub viendo pelis sin parar y la tele, era ese gurú al que la gente acudía para saber qué pelis eran buenas, cuáles valía la pena ver. En esta película hay muchos detalles de la historia de Hollywood. Aunque no los entiendas todos, notas que hay un amor verdadero hacia ella", explica Leonardo DiCaprio.

Una película plagada de referencias, el título es ya un homenaje a su admirado Sergio Leone, que escribió y dejó enfriar un tiempo. "Me interesaba que cualquiera que hubiera vivido en aquel tiempo, leyera el guion y me dijera si había acertado. Cuanto lo terminé, no quería empezar de inmediato, quería dejarlo reposar un poco y luego pensar cómo hacerla. Había un par de personas en concreto a las que deseaba enseñarles el guion porque estarían en mi equipo". Los primeros en leer el guion fueron Kurt Russell, actor de la época que también participa en la cinta, y Bob Richardson, el director de fotografía de casi todas sus películas desde Kill Bill, a quien sentó en el comedor de su casa hasta que terminó la última página mientras lo observaba. "Conforme iba leyendo sabía cómo fluiría la película. Hablamos mucho de que queríamos una estética retro, no para llamar mucho la atención sobre las imágenes, sino para mantener una sensación visual, la de una época de colores saturados y con menos movimientos de cámara", dice.

Rodada en su mayoría en 35 mm, con algunas escenas en 16, en super ocho o con un cámara cedida por Kodak para las secuencias en blanco y negro, la cinta adquiere la textura visual que perseguía Tarantino. Perfeccionista, controla el mínimo detalle, y obsesionado con poblar sus películas con todo su universo cinéfilo, el reto en esta ocasión era recrear el Hollywood de finales de los 60. "Fue una transformación completa de la ciudad que conozco y donde crecí, puedes leer sobre ella, ver fotos, pero a menos que estés inmerso en ese ambiente, no entiendes del todo esa época como nosotros", revela DiCaprio.

“Siempre me gustan las películas de Los Angeles cuando intentan recrear su pasado, por mucho que haya cambiado, no lo ha hecho del todo, por lo que aún queda bastante en lo que apoyarte”, señala el director. El mayor desafío de producción fue cerrar Hollywood Boulevard para el rodaje y transformarlo, viajar en el tiempo con los recuerdos de Tarantino y con los de la diseñadora de producción, Bárbara Ling, quien también creció en Los Ángeles y trabajó con Oliver Stone en The Doors. "Hoollywod Boulevard fue un gran problema. Quentin fue a los gerentes, les dijo amo Hollywood y quiero recrearlo, dejadnos por favor. Y nos dejaron hacerlo en dos momentos diferentes, si no, habríamos provocado el mayor atasco del mundo. Cerramos dos bloques y meses después otros dos, además cada tienda es propiedad de una persona, y tuvimos que negociar con ellos y ver cómo podíamos rodar", explica la especialista que ganó el Óscar por este trabajo.

Diseñaron las fachadas de la época, el decorado de los escaparates con todos los detalles, lo montaron y desmontaron en tiempo récord para que los comercios reabrieran sus puertas, y cambiaron los carteles y neones para que la avenida recobrara su espíritu. A Tarantino le obsesionaba esto últimamente especialmente. "Algo que siempre ha tenido Hollywood Boulevard es que era la acera de cines de Los Ángeles, ninguno de estos locales funciona ya como tal. Los han convertido en otra cosa, pero debido a su significado histórico, han conservado las marquesinas y pudimos adornarlas, cambiar el neón de los carteles que son importantes. Fue emocionante ver las luces parpadeando otra vez”.

Buscaron las películas que se se proyectaban en aquella época, como Romeo y Julieta, consiguieron que Starbucks quitara sus toldos para el paseo de Margot Robbie ante el cine Bruin de Westwood y encajaron el puzzle de referencias que Tarantino tenía en su cabeza. Un juego para el espectador y una tortura para los decoradores. Para las escenas del oeste, utilizaron los estudios de Universal, de aquellos días de gloria de los grandes wéstern de la televisión, y un parque abandonado que sirvió de plató en los años 40 y 50 fue el escenario del Rancho Sphan, muy cerca del lugar real donde Charles Manson y sus seguidores se refugiaban en aquella época.

La música es parte esencial del cine de Tarantino. En esta ocasión, más, la radio no deja de sonar en los viajes en coche con la . Los coches son precisamente uno de los puntos de convergencia en su filmografía. El director, dicen, odia los vehículos relucientes, los quiere habitados, con vida. Para esta ocasión, recurrieron, entre otros, al Cadillac de Reservoir Dogs. Eligieron un elegante MG para Polanski que Tarantino había visto en la película Estudio de modelos de Jacques Demy, Porsche le cedió tres coches para celebrar su centenario, y encontraron el vehículo real con el que Tex Watson fue a matar a Sharon Tate. Pagaron 1.000 euros por fotografiarlo e hicieron una réplica. "Es un Ford Galaxia del 59, investigamos y encontramos el verdadero en una colección y en su estado original. Nos lo ofrecieron para la película pero pensamos que daría escalofríos meter a los actores en ese coche con el que cometieron los asesinatos", desvela Steven Butcher, coordinador de coches en Los Ángeles.

La fiesta en la mansión Playboy es un auténtico desfile de moda de la época. El vestuario, a cargo de Arianne Phillips, es parte fundamental para definir a estos personajes. La corriente hippie de los 60, el medallón de oro de los chicos malos, el estilo de Neil Diamond para Leonardo DiCaprio, las camisas, las cazadoras… Cuidaron especialmente la indumentaria de Sharon Tate, al ser un personaje real, y copiaron muchos de sus modelos. "Sharon era un icono de la moda, tenía un estilo increíble. Hay varios momentos en la película en la que replicamos su vida, como el abrigo de piel de serpiente… Fue una de las cosas que Quentin Tarantino me contó al principio que no podía sacar de su cabeza, el abrigo de piel que serpiente que llevó a la premier de La semilla del diablo", cuenta Margot Robbie.

Buscaron la pieza auténtica pero era un abrigo hecho a medida de Ossie Clark. La directora de vestuario logró contactar con Debra Tate para investigar en su estilo. "Por suerte pude pasar tiempo con la hermana de Sharon, me enseñó la ropa que tenía Sharon y pude tocarla y sentirla. Debra es muy abierta y muy cariñosa, compartió historias sobre su hermana. Me hizo ver a Sharon menos como un icono y más humana. Y Margot lleva algunos pendientes y anillos que pertenecieron a Sharon. Contar con estos pequeños talismanes ayudó a aportar cierta energía a toda la película", dice Phillips.

Érase una vez en Hollywood es la película más emotiva de Quentin Tarantino, en la que recuerda por qué ama el cine y su magia, esa que le permite reescribir la historia.

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