Domingo, 25 de Octubre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

Fernando VII, mal rey incluso muerto: así empezaron las guerras carlistas

Fernando VII no fue un buen rey en ninguno de los sentidos posibles. De hecho, fue malo incluso cuando ya estaba muerto.

Pero una de las cosas de las que menos se le puede culpar fue de su poca fortuna a la hora de tener descendencia. Fernando se casó cuatro veces, y no porque se divorciase continuamente como Enrique VIII de Inglaterra, sino porque sus tres primeras esposas murieron. Además, lo hicieron sin darle descendencia.


Con la última, María Cristina de las dos Sicilias, tuvo dos hijas.

Antes de que nacieran, Fernando había promulgado una ley conocida como la Pragmática Sanción, que derogaba la Ley Sálica y permitía que las mujeres accediesen al trono de España. Esto no le gustó nada a su hermano Carlos María Isidro, que hasta ese momento había sido el heredero, particularmente cuando en octubre de 1830 nació Isabel, la primera de las dos hijas del rey.


Inicialmente, Carlos aceptó la Pragmática sanción, pero en 1833 se retractó, por lo que le ordenaron que dejara España. Se fue a Portugal, donde el 28 de abril de 1833 se le conminó a que jurara lealtad a Isabel como sucesora. Carlos se negó. En septiembre moriría su hermano y en octubre empezaría la que sería conocida como Primera Guerra Carlista, que duraría hasta 1840. La inestabilidad que empezó en 1833 duraría todo el siglo XIX y parte del XX, gracias a los apoyos que recabó la causa carlista entre los elementos más opuestos a ningún tipo de cambio, que veían a Dios, Patria y Rey como los tres pilares inamovibles de la sociedad española.

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