Domingo, 25 de Octubre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

Una revolución campesina muy sangrienta

Cuando vemos las condiciones en las que vivían la mayoría de nuestros ancestros no podemos evitar preguntarnos cómo aguantaban una vida así. Trabajar en el campo de sol a sol para irte a dormir en una choza fría y maloliente y con otro tipo siendo propietario de la tierra y quedándose con la mayor parte de la cosecha no parece una vida muy gratificante

Pues no os creáis que ellos no lo veían igual. La historia está plagada de revueltas campesinas, lo que pasa es que la mayoría acabaron mal. Hoy recordamos uno de los momentos culminantes de la Guerra de los Campesinos, que sacudió Alemania entre 1524 y 1525.


Los labriegos alemanes habían ido viendo cómo iban aumentando sus obligaciones mientras no lo hacían en absoluto sus derechos. Hasta que al final dijeron basta y se sublevaron contra esas órdenes que vivían de su trabajo.


Como había pasado con muchas revueltas campesinas anteriores, las quejas de los sublevados habían adquirido tintes religiosos. Pese a que los nobles y la Iglesia insistían en que los campesinos vivían en esas condiciones porque así lo había querido Dios, estos no podían evitar fijarse en que Jesucristo y sus discípulos no eran grandes admiradores de los bienes materiales.


Así que, considerándose los verdaderos herederos de Cristo, se unieron a la corriente protestante que envolvía las tierras alemanas, pero yendo mucho más allá de lo que había ido Martin Lutero. De hecho, el líder de la revuelta, Thomas Müntzer, había sido seguidor de Lutero, pero se había apartado de este y se había sumado a las protestas armadas.


Pero el 15 de mayo de 1525 las armas pesaron más que las razones. Unos 8.000 campesinos se enfrentaron a un ejército de más o menos el mismo número de mercenarios contratados por los señores. Pero claro, estos últimos estaban mucho mejor armados. De hecho, fue más una masacre que una batalla. Murieron unos 7.000 labriegos y solo 6 mercenarios. Además, Müntzer fue capturado, torturado y decapitado. La revuelta duró unos meses más, pero no con mejores resultados. Al final, los campesinos volvieron a su dura realidad y los señores a explotarlos sin piedad.

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