Viernes, 27 de Noviembre de 2020

Otras localidades

¿Dónde están los músicos callejeros?

Ponen banda sonora a nuestras calles y a las escenas cotidianas de las ciudades, pero ahora han perdido a su público. Flor Goldstein, música callejera, nos cuenta cómo están pasando el estado de alarma que les impide salir a la calle

Ponen banda sonora a nuestras calles y a las escenas cotidianas de las ciudades, pero ahora han perdido a su público por el estado de alarma que les impide salir a la calle. Además, se han cancelado todo tipo de eventos culturales, por lo que los músicos callejeros se han quedado sin su principal fuente de ingresos.

“Es una situación desastrosa”, cuenta Flor Goldstein, saxofonista, que denuncia la situación de precariedad que vive ese sector y que dificulta la solicitud de ayudas del Gobierno. “La mayoría de nosotros no tenemos ingresos facturables como para solicitar este tipo de ayudas, o sea que estamos en una situación realmente complicada y cruzando los dedos para que pronto se normalice todo y podamos volver a salir”.

Flor, como sus compañeros, recopilan cada día todo tipo de anécdotas y experiencias de la vida cotidiana hasta el punto de que ha escrito un libro con algunas de ellas. “La calle es un escenario increíble para para un músico, para un artista en general, porque nos permite un tipo de contacto con el público absolutamente directo, espontáneo y sincero”, asegura.

Incertidumbre y falta de regularización

En Madrid, donde ella trabaja, llevan meses luchando por recibir su autorización para tocar, ya que de momento trabajan con el riesgo constante de ser multados o expulsados. “El problema tiene que ver con la mala gestión de este tema por parte del nuevo gobierno. Nosotros habíamos logrado con mucho esfuerzo y con mucho tiempo una normativa de consenso con vecinos, comerciantes, Ayuntamiento y colectivos de músicos para lograr una situación de convivencia”, explica Flor. Sin embargo, la normativa fue paralizada para ser estudiada durante meses y ha terminado por ser modificada “de forma unilateral y con poco criterio”, critica. En cualquier caso, no han recibido todavía su nueva autorización.

A la incertidumbre por el confinamiento se suma la de cuándo podrán regularizar su trabajo y evitar el caos de que los músicos salgan a tocar como puedan.

Desde la plataforma “La calle suena” buscan unas normas claras que poder cumplir y que se adecúen a una actividad que es “muy complicada y cambiante”. Algunos compañeros han recibido multas de entre 100 y 600 euros, recuerda Flor, lo que, para los músicos, generalmente “sin posibilidad de ahorrar” y con escasos ingresos, es un duro golpe, lamenta.

“Es un absurdo que se multe a un músico que, en general, somos dos personas con las que se puede hablar y se puede razonar y si nos dicen que nos vayamos efectivamente nos vamos. porque ninguno de nosotros quiere molestar”, defiende la artista.

Desde su colectivo han organizado festivales como “La calle suena en primavera” en diferentes barrios y ahora están trabajando en festivales online para “dar visibilidad a la problemática que atraviesan” y hacer llegar su música ahora que no pueden salir a la calle, además de “poner una gorra virtual para recaudar algún ingreso de la gente que vea el concierto desde su casa y quiera colaborar”.

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