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Un médico infectado de COVID-19 relata su experiencia

Javier Tapia se infectó, al igual que su mujer, y perdió a su padre por culpa del COVID-19

Madrid

Javier Tapia es subdirector médico del Hospital Universitario de Bellvitge. Es además uno de esos profesionales que se han infectado de COVID-19 y que han vivido esta pandemia desde todos sus ángulos, desde el personal al profesional. Su mujer también se contagió y falleció su padre, del que no pudo despedirse.

Tras los 16 días de ausencia se encontró el hospital completamente diferente a como lo había dejado, pero le preocupa también cómo se está tomando la sociedad esta pandemia, que aún no ha acabado, y la preocupación por el egoísmo de algunos se entremezcla con el orgullo por sus compañeros. Todo esto nos lo ha contado esta tarde en La Ventana.

“Estamos ante una pandemia y el conocimiento médico es el que tiene que imperar”, defiende. Ejemplificando que “si fuera una guerra nuclear tendrían que ser otros los que toman las decisiones”.

Un punto de inflexión para él fue el día 4 de marzo, ya que en el hospital, como cada año, tenían preparado un acto en el que se homenajeaba la actividad del año anterior: “tuvimos que suspenderlo esa misma mañana”, nos ha comentado. Además, ese mismo día tuvieron que tomar otras decisiones drásticas como suspender las vacaciones, los viajes y los días de asuntos propios.

“Parecía que estábamos tomando decisiones drásticas”- nos dijo- “unas semanas después era algo absolutamente lógico y normal”. Cuenta que “a toro pasado es muy fácil” comentar las decisiones que se tomaron, pero en ese momento hubo personal que mostró su discrepancia con las decisiones que se estaban tomando.

“Estábamos en una incertidumbre”, confiesa Javier, a la vez que explica que lo estaba pasando en Italia resultó determinante a la hora de tomar la decisión.

El 12 de marzo es el día que se contagió, lo sabe casi con total certeza. Sigue siendo médico asistencial, por lo que trabaja en una ambulancia y ese día tuvo que ir al domicilio de una señora que tenía todos los síntomas de una infección respiratoria. Iba con EPI, guantes y mascarilla, pero eso no impidió que se contagiase.

Relata que empezar a notar los síntomas es bastante inquietante: “tú mismo eres bastante detectivesco”. Todo empezó con frío y cansancio, que achaco a la sobrecarga de trabajo, pero luego aparecieron otros síntomas derivados de una infección respiratoria que le hicieron sospechar que se trataba del COVID-19.

Afirma que se quedó muy sorprendido con el hospital cuando regresó tras pasar la enfermedad: “cuando lo vi en directo quedé sorprendido de lo que se pudo hacer en tan solo 10 días”. Esta preparación del hospital es la que ha permitido que el nivel de presión de pacientes no afectados por el Covid no disminuyese.

“Estamos preparados para un posible rebrote”, afirma Javier, seguro de que hemos aprendido mucho: “sabemos cómo funciona, sabemos cómo contagia, sabemos cómo pararlo… Nos faltan el fármaco y la vacuna”.

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