Viernes, 07 de Agosto de 2020

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Cooperación o bloqueo: las dos salidas para la vacuna del coronavirus

La OMS apuesta por declarar la futura vacuna como "bien público mundial" ante el temor de que países como Estados Unidos den prioridad a su población

Los avances en la investigación para la vacuna de la Covid-19 anunciados esta semana por los laboratorios Moderna, en Estados Unidos, y CanSino, en China, han aumentado las esperanzas de dar con una solución inmunológica antes de que finalice el año. Unos resultados prometedores que invitan a los más optimistas a ver el fin de la pandemia cada vez más cerca, pero que generan dudas sobre si será posible garantizar el abastecimiento a aquellos que más la necesitan.

Una parte importante de los proyectos de investigación cuentan con la financiación de gobiernos, organismos internacionales u organizaciones sin ánimo de lucro. Algo que, según los expertos, evitará que las compañías monopolicen la vacuna y la exploten para obtener el máximo beneficio económico. "Va a ser un mercado organizado si la cooperación internacional termina por concretarse", asegura el profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y experto en el mercado farmacéutico, Félix Lobo. En la misma línea se expresa el Dr. José Antonio Navarro, miembro de la Asociación de Española de Vacunología. "La gran cantidad de fondos para I+D que han aportado las entidades públicas y las organizaciones filantrópicas influirán en que el precio de venta se adapte en función de los recursos de cada país", afirma el médico.  

Un precio asequible, sin embargo, no es el único factor que garantiza el abastecimiento. El gran impacto de la pandemia a nivel global -con más de cinco millones de contagios y casi 350.000 fallecidos en todo el mundo-  hará necesaria la fabricación de miles de millones de dosis. "La capacidad para abastecer a la población dependerá sobre todo de la infraestructura de la que disponga la compañía farmacéutica que encuentre la vacuna y de la posibilidad de contratar a otras plantas de producción para poder distribuir a gran escala", explica Patricia Guillem, catedrática de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad Europea. Las limitaciones en la producción aumentarán el riesgo de que los países que lideran las investigaciones, entre ellos Estados Unidos, prioricen inmunizar a su población.

La administración del presidente Donald Trump ya trató hace dos meses de trasladar la investigación de un laboratorio alemán a Estados Unidos, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, tuvo que convocar al presidente de la farmacéutica Sanofi después de que este insinuara que el país norteamericano sería el primero en recibir las vacunas, en caso de dar con ella. Trump trató de quitar hierro al asunto la semana pasada, cuando aseguró que trabajaría con otros países para obtener la vacuna. Sin embargo, la retirada de fondos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la poca participación en iniciativas internacionales generan dudas sobre cuál será finalmente su posición.

"Afortunadamente no dependemos solo de Estados Unidos para obtener la vacuna. Actualmente la capacidad científica está más distribuida, y si el gobierno estadounidense no quiere colaborar tendremos alternativas", asegura Félix Lobo. Para ello será necesario que otros laboratorios sean capaces de desarrollar la inyección y compartirla, algo que países como Francia o China ya se han mostrado dispuestos a hacer. El gobierno de Pekín se posicionó hace unos días a favor de declarar la vacuna como "bien público mundial", siguiendo las recomendaciones de la OMS. Una decisión que facilitaría el acceso a terceros países de una forma más equitativa.

Otra opción para garantizar el abastecimiento a la población es la creación de un Fondo Común de Patentes. Un método que ya se ha aplicado con otras enfermedades que consiste en la designación de una organización sin ánimo de lucro -como la alianza GAVI, creada por la Fundación Bill y Melinda Gates- como intermediario entre la dueña de la patente y los fabricantes. "Un mecanismo de este tipo permite reforzar las capacidades tecnológicas, abreviar plazos y garantiza el suministro en condiciones competitivas", explica Lobo, quien confía en que la gravedad de la pandemia ayude a que la cooperación internacional prime por encima del bloqueo.

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