Lunes, 10 de Agosto de 2020

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Un final inesperado

Reconstruimos el drama de las residencias de ancianos durante la pandemia a través del relato de sus protagonistas

La nieta de Neme, fallecida por coronavirus, cuenta los últimos días de su abuela aislada en la residencia sin apenas atención: "murió de abandono"

La responsable de la residencia que permaneció libre de COVID asegura que los protocolos eran contradictorios y "no había capacidad de respuesta"

Coqueta, generosa y perfeccionista, “le gustaba toda la música bailable, ir a la moda, gastar”. Nemesia Gallego Martínez no tenía pelos en la lengua, era transparente, en palabras de su nieta Rocío.

Nemesia Gallego Martínez (Neme) / Cadena SER

Neme, soriana de 86 años, nació en plena guerra civil. La pequeña de nueve hermanos, emigró a Madrid a los 16 años junto a su hermana Flora. Allí conoció a Gabriel de las Heras, un joven madrileño con el que acabaría casándose y teniendo cuatro hijos a los que les dedicó toda su vida.

El coronavirus sorprendió a Neme dentro de la residencia Doctor González Bueno, en la carretera de Colmenar de Madrid, tres días antes de que la Organización Mundial de la Salud declarara la pandemia. Esta residencia es la más grande de y acaba de ser cerrada a las visitas.

Rocío recuerda bien las palabras de su abuela cuando la llevaron: “mira niña, si me muero de esto, yo ya he vivido, así que no tengas miedo”. Entonces no sabían que las residencias cerrarían ese mismo día y al llegar su madre no pudo acompañar a la abuela a su habitación. “Eso fue nuestro último día”, recuerda Rocío. Para entonces, el virus se había colado en cientos de residencias de todo el país.

La residencia que logró cerrar las puertas al virus

Pero no a todos los centros de mayores les sorprendió la enfermedad. A solo 83 kilómetros de la familia de Neme, en la residencia Mirasierra que dirige Rocío Pérez vieron venir el peligro y tomaron las medidas necesarias para evitar un brote de coronavirus. “Ya estábamos acostumbrados a las epidemias de gripe y a tener todos los años precauciones importantes”, cuenta.

Desde que vieron llegar en diciembre las noticias desde China y luego Italia ya detectaron junto a su servicio médico que no se trataba de una gripe normal y que afectaba gravemente a las personas mayores. Ya a mediados de febrero empezaron a informar a los familiares y tomar medidas como pedir a quienes tuvieran síntomas gripales que se abstuvieran de acudir a la residencia. “Fueron pasando los días hasta que el primer fin de semana de marzo incluso vino un familiar con una situación clínica que luego fue coronavirus y aceptó no poder entrar”, recuerda Rocío.

Nemesia Gallego Martínez (Neme) estuvo casada con Gabriel y tuvo 4 hijos / Cadena SER

El día 5 de marzo cerró las puertas del centro para proteger a los mayores. Casi cuatro meses después se ha demostrado que tomaron la decisión acertada. “Ha sido una lucha de día a día”, relata. Empezaron a extremar al máximo todas las medidas higiénicas además de controlar todos los vectores de contagio: el personal, proveedores y demás servicios.

El virus “te puede entrar por cualquier lado”, explica Rocío, por eso marcaron un protocolo para todas las entradas en la residencia. “Generamos zonas donde el personal tenía que entrar con higiene y mascarillas”. También esterilizaban los envíos de comida en una sala antes de llevarlos a los almacenes. Cada día pensaban dónde podían fallar, por dónde podría entrar el virus, en lo que Rocío califica de unas medidas “casi psicóticas”. Cualquier tos de alguno de los residentes levantaba todas las alarmas y la doctora trabajó incesantemente para diferenciar sus patologías del día a día de las anormales.

La previsión de la residencia Mirasierra, sin embargo, no fue la norma. “Se cayó tarde en la cuenta”, cree Rocío, que actuó por sentido común y sus años de experiencia enfocando el cuidado de los mayores con un carácter sanitario. Y opina que en otras residencias no se tomaran estas medidas se debe a la Administración que marca las normativas y que no ofrecía información suficiente.

El coronavirus es especialmente letal con los mayores porque suelen padecer enfermedades crónicas cardiovasculares, respiratorias o diabetes, factores de riesgo de la enfermedad, como explica el periodista de El País Nuño Domínguez. Además, el sistema inmune de los mayores es menos efectivo y reacciona peor que el de las personas jóvenes.

A esto se suma que en las residencias se juntan en el mismo lugar cerrado personas con estas patologías previas, lo que las ha convertido en focos de la pandemia, como demuestran las cifras. Dos tercios de las víctimas de la COVID-19 en España son mayores de 70 años.

A fecha de 25 de junio la cifra de fallecidos es de más de 19.600 ancianos. Antes de la pandemia, en España había unos 360.000 ancianos viviendo en centros de mayores.

Madrid, Cataluña y las dos Castillas han sido las comunidades más afectadas. Ha habido alrededor de 6.000 muertos en la capital por COVID confirmado o síntomas compatibles (la gran mayoría).

La Cadena SER ha recopilado cada martes y viernes los datos de las Comunidades Autónomas para poder conocer el desglose de los fallecimientos, salvo en cuatro Comunidades: Euskadi, Aragón, Andalucía y la Roja, que no desglosaron los datos, lo que impide saber cuántas personas fallecieron por COVID confirmado o con sintomatología compatible.

La recomendación de la OMS es que solo se incluya en las cifras oficiales de muertes y contagios los acreditados como COVID por pruebas PCR, pero en muchos casos no se llegó a tiempo de hacer la prueba. De hecho, más de la mitad de los 19.600 mayores fallecidos en España no tienen acreditado el coronavirus. Esto hace que en la estadística oficial no aparezcan los datos reales de fallecidos.

Desde el cierre de la residencia la obsesión de Neme todos los viernes era ir a casa de su hija. Cuando bajó a por sus pastillas le contó al médico que tenía algo de tos y malestar. Tenía décimas de fiebre y la aislaron “durante 17 eternos días en una habitación sin absolutamente nada, de hecho, la dejaron con el camisón, sin zapatillas de estar por casa”, cuenta su nieta Rocío.

Esos días se comunicaban con la abuela por el móvil que ella manejaba perfectamente. En sus videollamadas Neme les trasladaba que estaba muy aburrida y le faltaban sus cosas. Las enfermeras apenas entraban, incluso le dejaban la comida en la puerta por miedo a contagiarse.

“En la zona de aislados había unas dos o tres personas para atender a unos 50 ancianos”, asegura Rocío. Su abuela les decía “que se iba a morir, que nadie les estaba ayudando y quería irse a su casa y que la dejaran en paz”. Rocío habla de la enorme impotencia que sintieron y la obsesión por sacar a su abuela de allí. Incluso la hija mayor de Neme acudió a la residencia porque no recibían ninguna información. Allí encontró que no había director ni médicos, se encontraban de baja. Sólo había un médico que pasaba dos veces por semana.

“No le llevaban agua, de hecho, en una llamada escuchaba como la abuela gritaba pidiendo agua. Se cayó dos veces y tuvo que levantarse ella sola. Ya no tenía ganas de comer”. Así fueron los últimos días de Neme en la residencia en palabras de su nieta que está convencida de que “murió de abandono” además del coronavirus. Tras una larga lucha por sacarla del centro, acabó siendo trasladada al Hospital de La Paz, donde falleció el 1 de abril.

Nemesia Gallego Martínez (Neme), nació en un pequeño pueblo llamado Perdices / Cadena SER

Fallos en los protocolos

La falta grave de inspecciones y personal en los centros de mayores lleva años denunciándose. En 2016 se creó la primera plataforma de familiares de residentes y trabajadores, que denuncian la falta de tiempo para atender correctamente a los ancianos, muchos de ellos grandes dependientes.

Durante la pandemia la falta de información ha sido total. El 8 de marzo se decretó que los familiares ya podían entrar a ver a los residentes y desde entonces hubo un apagón informativo, solo llegaban noticias de algunos trabajadores de los centros. A la falta de personal ya habitual se sumó que varios trabajadores estaban de baja por haber resultado infectados o presentar síntomas.

En muchos casos se negó la derivación a los hospitales de los pacientes más graves o dependientes. La Comunidad de Madrid envió una serie de criterios para permitir o no la atención hospitalaria de los residentes: que no tengan deterioro cognitivo, que sea una persona independiente y que no tenga patologías asociadas.

Esta era Nemesia Gallego Martínez (Neme), tenía 86 años / Cadena SER

La hija de una residente cuenta que logró que enviaran a su madre al hospital por un error de la doctora de la residencia que no conocía su estado e informó al hospital de que la paciente podía caminar, cuando en realidad estaba en una silla de ruedas. Gracias a eso no le negaron el ingreso y pudo ser atendida.

Los protocolos que empezaron a circular por las residencias de ancianos de la Comunidad daban prioridad a los pacientes que más se pudieran beneficiar de la atención médica por una cuestión de años de vida y no de gravedad, como se ha llegado a saber por grabaciones realizadas a miembros del personal sanitario.

Manuel Rico, periodista de Infolibre que ha publicado el contenido de las ordenes de la Comunidad de Madrid, destaca dos criterios de esos protocolos claramente discriminatorios: los que se refieren al grado de dependencia y de demencia senil alto, “dos criterios de exclusión que no están relacionados con la expectativa de vida”.

Rocío Pérez, directora de la residencia Mirasierra, asegura que les llegaron numerosos protocolos contradictorios en pleno caos y colapso de los hospitales y residencias. “No había capacidad de respuesta, se cerraron las puertas de los hospitales a las residencias”. Como ha ocurrido en otros países, lamenta, estábamos en una situación en la que “si te encontrabas con personas jóvenes y otras longevas con un montón de patologías, había que decidir”.

Un repentino adiós por carta

La nieta de Neme solo pedía una muerte digna para su abuela tras los días de aislamiento. Rocío no entiende por qué las residencias no alzaron la voz ante las directrices que se les dieron para negar la atención hospitalaria a los ancianos. “Conseguimos una ambulancia de forma particular y la doctora de la residencia la rechazó”, denuncia.

Ya hay 223 investigaciones penales de la Fiscalía por lo ocurrido en las residencias de ancianos y algunos centros de salud, la mayoría en Madrid, además de 30 juzgados por todo el país investigando casos de manera particular.

Cuando Neme fue finalmente autorizada a ir al hospital, “a partir de ahí es otra etapa, nos dicen que tiene insuficiencia renal por deshidratación porque ha estado muchísimos días sin agua y sin suero”, asegura su nieta. Dio positivo en la prueba de COVID y tenía neumonía. “Si hubiera llegado un poquito antes a lo mejor habríamos logrado salvarla”, lamenta.

“Haber fallecido así es una desgracia”, valora Pérez. En el caso de los mayores estar al lado de esa persona en su muerte es importante, recuerda, a pesar de que tengan demencia. Y más importante aún es para sus allegados acompañarle en ese momento.

En La Paz les permitieron despedirse de Neme, todo fue muy rápido. Toda la familia escribió un texto para despedirse de ella. “Nos queda un viaje a Benidorm”, le dice su nieta.

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