Martes, 04 de Agosto de 2020

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Opinión

Los tres focos del virus

"Las condiciones inhumanas de trabajo de los jornaleros parecían no preocuparnos hasta que hemos descubierto que el hacinamiento y la precariedad son el caldo de cultivo perfecto para el contagio"

El guionista Jorge Guerricaechevarría

El guionista Jorge Guerricaechevarría / Cadena SER

Según van pasando los días están cada vez mas claros cuales son los nuevos focos del virus:

 Tenemos por un lado las reuniones familiares, comidas pantagruélicas en las que se reúnen padres, hermanos y primos que no han podido verse durante meses. Largas charlas en espacios cerrados llenas de “pés”, “jotas” y todas esas letras que dejan volando los virus por el aire. Por mas que nos avisen seguimos pensando que nuestro cuñado, o nuestro primo segundo por parte de madre no pueden contagiarnos de nada porque son muy buena gente.

El segundo foco son las celebraciones de grandes eventos deportivos. Si nuestro equipo gana el partido, la copa o cualquier otra competición, ¿qué importan las enfermedades? Sobre todo si a nosotros no nos van a producir mas que un poco de fiebre o probablemente nada.

 Ambos focos son consecuencia del descuido, el cansancio después de tantos meses o simplemente la falta de solidaridad. El tercero no.

Se trata de los jornaleros. Personas que se desplazan al campo cada año para recoger las frutas y las verduras que luego llegan hasta nuestros supermercados y también el vino con el que alegramos esos encuentros familiares.

Lo curioso del caso es que hasta ahora nadie había prestado demasiada atención al hecho de que la mayoría de estas personas pasan sus meses de trabajo amontonados en espacios mínimos en el mejor de los casos y en el peor malviviendo en chabolas construidas con palets y plásticos reciclados de los invernaderos.

Condiciones inhumanas que no parecían preocuparnos hasta que hemos descubierto que el hacinamiento y la precariedad son el caldo de cultivo perfecto para el contagio.

Se da la paradoja de que necesitamos a personas lo suficientemente pobres para aceptar los sueldos que se pueden pagar, pero no queremos que su presencia nos “contamine”, así que algunos inmigrantes están viendo cómo los ayuntamientos y las comunidades se preocupan por primera vez en muchos años de sus condiciones y hasta los alojan en hoteles y pensiones para evitar que sus pueblos vuelvan al aislamiento.

Ojalá en su caso esta “nueva normalidad” se convirtiera en algo permanente.

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