Jueves, 04 de Marzo de 2021

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Villaronga y su rodaje post Covid-19 sobre la crisis de refugiados

Momento del rodaje en Mallorca de El vientre del mar, de Agustí Villaronga

Momento del rodaje en Mallorca de El vientre del mar, de Agustí Villaronga / CEDIDA

En 1818, el pintor francés, Théodor Géricault inmortalizó un trágico naufragio en el mediterráneo en su famoso cuadro La balsa de la medusa. 147 hombres a bordo intentaron, tras naufragar, salvarse confinados en una balsa a la deriva. Un horror que duró días y días y que recuerda a las escenas que siguen ocurriendo en las costas de Grecia, Italia, Libia o España. Alessandro Baricco convirtió esas imágenes en texto y ahora Agustí Villaronga, usará la pintura y la escritura para crear su nueva película: El vientre del mar.

"Había preparado un texto teatral, basado en una historia de Alessandro Baricco, para dos personajes; pero, en pleno confinamiento, pensé que igual podría hacerse una película pequeña y así empezó todo", nos cuenta Villaronga en medio del rodaje en Mallorca. Uno de los primeros rodajes tras el parón que ha sufrido la industria del cine como consecuencia del coronavirus.

Con mascarillas, distancias de seguridad y desinfección, Villaronga rueda esta historia, una película pequeña en la que el 80 por ciento del reparto son afroamericanos. "A veces es un poco coñazo rodar en esta nueva realidad; pero se lleva bien. Vamos con mascarilla y nos hemos hecho prueba todos, pero a parte de eso todo va con normalidad. Hay más jaleo porque hay que desinfectar todo y demás, pero se adapta uno", cuenta la rutina que el COVID-19 ha marcado para los cineastas y técnicos.

En Mallorca han recreado ese naufragio, no en las playas; sino en una nave industrial. Y es que el director de Pa Negre se acerca en este último trabajo a sus primeras películas, como El Mar o El niño de la luna, que le abrieron las puertas a los grandes festivales. "Es un poco peculiar la estética", reconoce el director. "Al trabajar con tan pocos medios y estar hablando de un naufragio de altamar y empezar en el interior de la fábrica, ya se muestra que la película es rara". La cinta se centra en los recuerdos de dos supervivientes del naufragio y, para ello, ha elegido el blanco y negro, el uso de infrarrojos... "Es una estética muy especial que no se explica con palabras; sino en el cine", añade.

La película parte de un naufragio que existió pero que traza un paralelismo con lo que ocurre hoy en ese mismo mar, donde las ONG calculan que más de 16.000 personas, que emigraban huyendo de la guerra, el hambre, el odio y la pobreza, han muerto, desde 2015. Sus pateras naufragaron en un mar cuya historia está llena de sucesos similares, provocados por las guerras, las migraciones o la mala fortuna.

"No es una película de época ni mucho menos. Comienza con un juicio real de aquel momento, pero luego mezcla pasado, presente. Y todo a través de un viaje en una patera", explica Villaronga, que insiste en que la historia remite claramente a toda la crisis del mediterráneo, a la crisis de abandono de una parte de la población tras el COVID-19 y también a toda la crisis global. "Ahí está el pasado de Cuba, la crisis de los refugiados, aunque no haya mar de por medio. Son situaciones críticas, como en cualquier guerra, y lo que queremos mostrar es cómo cada persona se sitúa ante los hechos".

Protagonizada por Roger Casamajor, Oscar Kapoya y Muminu Diayo, El vientre del mar está producida por Testamento y La Perifèrica Produccions, y terminará de rodarse en unos días. Es uno de los tantos proyectos que ha surgido en medio de la pandemia y cuya puesta en marcha no ha sido nada fácil.

"Se ha podido salvar gracias al esfuerzo personal de todos los que la estamos haciendo. El cine es equipo y esto lo demuestra. Somos un equipo muy pequeño y hemos trabajado el doble", confiesa. Villaronga venía de rodar Nacido rey, un proyecto para el que contó con 18 millones de dólares y ahora se embarca en esta nueva película, con mucho menos presupuesto. "Fíjate en los meses que paramos, empezamos a pensar muchas cosas. Yo no soy muy filosófico, soy más de acción, de reaccionar ante lo que pasa con las personas que tengo cerca, defender las causas en las que creemos y ahí está esta película".

Sobre el futuro del cine, dice Villaronga que es incierto. "Yo me confiné en Mallorca porque estaba a una semana de estreno de una obra de teatro aquí. A la semana paramos, ahora se vuelve a restrenar en septiembre. Pero nadie sabe qué va a pasar", cuenta. Es su caso personal, pero extrapolable al que han vivido otros artitas, cineastas y trabajadores de distintos sectores. "La cultura ahora parece que sea una cosa de iluminados y dices, ostia, que hay muchas familias que viven del trabajo de la cultura. Yo veo todo con incertidumbre, no sé que va a pasar. Me da un poco de pena que el cine haya perdido a gente en las salas y que Netflix siga esa deriva al consumo rápido. Yo siempre pienso en positivo, pero en este momento es difícil pensar en cómo vamos a salir".

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