Miércoles, 28 de Julio de 2021

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'Las niñas', la España no tan moderna del año 92

Pilar Palomero convence con su primera película, un retrato de la educación en la España de los 90, que sirve de espejo para algunos de los pensamientos retrógrados de hoy

El reparto de 'Las niñas'

El reparto de 'Las niñas' / BTEAM PICTURES

En el año 92 España pensó que era moderna. Que dejaba atrás la transición y cualquier oscurantismo que recordara a épocas pasadas. Con una Transición que había triunfado escondiendo aquello que nadie se atrevía a arreglar. Con los muertos en las cunetas bien ocultos. Con las grandes familias del régimen en la misma posición de poder económico, judicial. Pero con un nuevo gobierno socialista que se acercaba a Europa -sin salirse de la OTAN, que diría Krahe-, que mostraba una cara más moderna, gracias a eventos como la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona.

Sin embargo, en la España real los modos y costumbres seguían siendo muy similares a los de unas décadas después. Es lo que trata de contar Las niñas, la ópera prima de Pilar Palomero, que plasma en ella sus vivencias de niña en un colegio de monjas de Zaragoza. "La educación que recibimos en mi generación era muy contradictoria porque teníamos esta parte conservadora, que venía del colegio y la famlia, y luego una sociedad que se sentía en un momemto de euforia deseando dar una imagen más moderna de lo que realmente era", explica en conversación coon la Cadena SER.

La República supo que la educación era la clave para construir sociedades libres, democráticas e igualitarias. También el Franquismo supo lo importante que era controlar los colegios, por eso le dio el poder a la Iglesia, que todavía hoy no lo ha soltado del todo. En el año 92, las monjas y curas seguían educando sexualmente a las nuevas generaciones en estereotipos, en falsas creencias y en la prohibición. Las niñas aprendían que las madres solteras eran el demonio, que el sexo era malo y peligroso por el día; pero por la noche una presentadora italiana hablaba en televisión abiertamente de preservativos, de elección personal y de sexo. Era Raffaela Carrà, y lo hacía junto a Umbral. Palomero contrasta ambas Españas, con una yuxtaposición de escenas que muestran ese contraste. El de una España que pensaba que tiraba hacia adelante y la otra que, pobre y sin futuro, seguía anclada en lo de siempre.

"Tenía prejuicios interiorizados de esa educación entre lo conservador y lo moderno mal entendido. Quería hacer mucho hincapié en que la película no era contra la educación religiosa en un colegio de monjas, sino que al final toda la sociedad era así", dice Palomero en el Festival de Málaga, donde la cinta compite, con bastantes posibilidades, por la Biznaga de Oro.

Y es que Las niñas está construida con sutileza y con mucho realismo. Mostrando algunos de los escenarios de la infancia de una directora salida de la ESCAC y que ya ha paseado su primera película por la Berlinale. Está la música de Héroes del Silencio, está la Superpop, revista que explicaba el sexo a las niñas a su manera, está la televisión, como gran medio de masas y agente socializador para una nueva generación de adolescentes. El peso de la religión, los prejuicios y el abandono de las madres solteras, consideradas como apestadas en esa modernísima España, la complejidad de la adolescencia y la doble moral son temas que todavía no nos han abandonado del todo y que el filme saca a relucir.

"Parece que es algo de cien años, pero en el 87 había mujeres que no tenían dónde ir si se quedaban embarazadas, es que no hace tanto. Hay mujeres que lo pasaron francamente mal. Nos parece algo muy lejano y casi imposible que sucediera, pero es que sucedió hasta hace bien poco. Incluso hoy en día hay gente que me dice que es madre soltera y en el colegio le hacen firmar no sé qué papel. No hemos salido aún de esa idea de la familia de la mamá, el papá y los hijos", analiza la directora.

Natalia de Molina es la madre soltera, pero las protagonistas con las niñas Con ellas, Palomero ha trabajado ensayando, sin guion. Un método y un resultado similar al que logró Carla Simón en Verano 1993. "Hacíamos sesiones como informativas en las que les contábamos cosas de ese año, de esa época, de nuestra adolescencia, de lo que hacíamos, de cómo hablábamos, de cómo nos divertíamos, que no teníamos móvil... Esto les sonaba a chino", cuenta la directora. 

De ahí la naturalidad y brillantez del trabajo de la jovencísima Andrea Fandos. Una adolescente tranquila que sufre discriminación en su colegio concertado. Que no entiende los mensajes contradictorios de las monjas, los de su madre, los de la tele o los de sus amigas resabiadas. Todo es incomprensible en esa adolescencia extraña de una niña que va al colegio de monjas, porque su madre cree que allí la educarán mejor, que allí podrá quitarse el estigma de ser hija de madre soltera. Sin embargo, como diría Jovellanos, las clases sociales, solo se rompen en la educación pública.

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