Miércoles, 23 de Septiembre de 2020

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Desenfundar la cámara

Las personas tienen que ser condenadas por los órganos encargados de ello, no decide una persona y su teléfono móvil la cantidad de gente que tiene que participar en la condena

Desenfundamos el móvil como se desenfundaba antes la pistola. Los vaqueros en el Oeste mataban pero al menos te mataban ellos; ahora lo que se hace al grabar detenciones es más cobarde: exhibir al culpable para que, figuradamente, lo maten los demás. Se multiplican los casos de justicieros a posteriori.

La persona que graba la detención de la surfista de la playa de La Concha, ¿qué quiere exactamente? ¿Concienciar de que la policía hace bien su trabajo? ¿Un ascenso para ser comisario de balcón? No grabas un delito para denunciarlo, grabas la detención para ejecutar por tu cuenta una condena popular que automáticamente deja a una persona antecedentes de por vida.

Por desgracia la revuelta digital se le ha vuelto en contra porque ahora él recibe amenazas e insultos. Que es lo que pasa cuando se llama a la gente para convertir en espectáculo viral una acción administrativa.

No todo tiene que ser grabado en la vida, no todo tiene que enseñarse a todo el mundo, sobre todo cuando ya está funcionando. Las personas tienen que ser condenadas o apercibidas por los órganos encargados de ello, no decide una persona y su teléfono móvil la cantidad de gente que tiene que participar en la condena.

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