Martes, 22 de Septiembre de 2020

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Inmigración

Valentín, el sepulturero de las pateras, que se convirtió en "abuelo" gracias a ellas

Después de 28 años enterrando en nichos sin nombre a más de 40 migrantes ahogados en la ruta hacia Canarias, conoció en 2007 la historia de Mamadú, al que amputaron las dos piernas nada más llegar a la isla, y que al salir del hospital no tenía donde ir

"Él es mi padre, se lo debo todo y mis dos hijas lo llaman abuelo" afirma el joven maliense al que Valentín acogió en su casa, una historia de superación, acogida y solidaridad frente al racismo

"Antes de hablar y lanzar bulos hay que informarse bien, todos somos iguales, por eso no entiendo a los racistas", lamenta Mamadú

“La sangre no circulaba porque estuve todo el rato en la misma posición en el cayuco, mis piernas se engangrenaron, me llevaron de inmediato al hospital y me cortaron las piernas", rememora Mamadú casi 14 años después de sobrevivir al viaje mortal en un cayuco en el que murieron 7 de sus 70 compañeros de travesía.

De Mali, previo paso por Mauritania, llegó a Gran Canaria cuando tenía solo 21 años, animado por imitar a algunos de su vecinos que habían logrado emigrar Europa y enviaban remesas a sus familias. Quiso hacer lo mismo por eso inició el viaje en 2007 desde las costas de Mauritania, "fue muy duro, íbamos 77 personas en el cayuco y murieron 7 por el camino", detalla. Su historia y la del hombre que se hizo cargo de él suponen toda una bofetada de realidad y solidaridad para los pocos, pero muy ruidosos, que hoy vomitan racismo en las redes sociales y en otros foros, cosificando o criminalizando a las personas que llegan a nuestro país por motivos muy diversos. Mamadú no es un número, es un superviviente con una capacidad de superación memorable. Valentín representa lo mejor de la sociedad que acoge y respeta los derechos humanos.

"Estuve 8 meses en el hospital y a raíz de eso fue cuando conocí a Valentín, el día de mi alta él fue a recogerme y me llevó a su casa y súper bien, estoy así hoy gracias a él. Imágínate que a una person tan joven, que te corten las dos piernas, no me cabía en la cabeza, gracias a Valentín estoy bien, es como mi padre, lo considero mi padre y mis hijas lo llaman abuelo", insiste agradecido cuando le preguntamos por su particular ángel de la guarda, Valentín Afonso, el entonces sepulturero de Mogán, el municipio donde se producen la mayoría de los desembarcos de los rescatados en pateras, sobre todo en el ahora tristemente conocido muelle de Arguineguín.

En el hospital estuvo en coma, no podía comunicarse con nadie, hablaba poco francés y bambara, la lengua mayoritaria en su país , y estuvo "mucho tiempo sin saber dónde estaba", pero todo cambió radicalmente cuando Valentín se cruzó en su camino, "vi en periódico, en 'La Provincia', que las enfermeras que lo trataban mostraban su preocupación porque acababa el tratamiento y no tenía ningún lugar a donde ir. Empecé a visitarlo en el hospital por echarle una mano y poco a poco hicimos amistad y me lo llevé a mi casa, a Veneguera, en Mogán. Yo no tengo hijos y quería ayudarle, con el tiempo ha sido toda una fortuna haberme cruzado con él, yo también considero a las niñas mis nietas y a Mamadú como un hijo", responde orgullo el antiguo sepulturero de Mogán, ahora jubilado después de 28 años en el oficio.

Su historia y la del hombre que se hizo cargo de él suponen toda una bofetada de realidad y solidaridad / Foto cedida por la familia

Después de unos meses en su casa, Valentín lo envió a estudiar en un centro adaptado en Vecindario y desde entonces vive allí en un piso, donde después llegó su mujer y donde están criando a sus dos pequeñas. Mamadú y Vicente están sorprendidos y disgustados por la cantidad de bulos racistas que se están generando en Canarias durante las últimas semanas, conociendo con un aumento de las llegadas de pateras (5.200 personas en lo que va de 2020), aunque con cifras muy lejanas a las que se alcanzaron en 2006 (31.298 personas rescatadas) o 2007 (12.478) cuando Mamadú llegó a Gran Canaria. Con una historia de superación, solidaridad y acogida como la que ellos han construido no entienden por qué algunos criminalizan o cosifican a los migrantes.

"Se genera el racismo porque la gente no conoce la realidad, y a esto se añade ahora la preocupación de la gente por el COVID, o que haya mucha gente aqui sin trabajar, que la gente vea los que se dice en las redes sociales sobre lo que se dice que que que los inmigrantes van a los hoteles, etc, pero es gente que no está bien informada y por eso dicen estas cosas. A veces me molesta un poco todo esto, pero creo que es porque no están bien informados y se puede generar rechazo a esas personas sin conocer la realidad", lamenta Mamadú.

Giros del destino, Mamadú trabaja ahora como recepcionista en un hotel. Aunque el suyo está cerrado aun por la caída en picado de la llegada de turistas, él sigue en un ERTE, tampoco entiende la crítica de algunos empresarios o autoridades por la derivación de las personas que durante días durmieron en el suelo de muelle de Arguineguín a establecimientos hoteleros, algo que ha sido criticado por algunos empresarios, algunos alcaldes y ha servido como combustible para los voceros racistas, "ellos no van por elección propia, los derivan las autoridades porque los centros están llenos, por eso van a los hoteles, es mejor que duerman en un sitio digno y que pasen la cuarentena allí", señala Mamadú.

A pesar de haber perdido las piernas y de todas las secuelas físicas y mentales del viaje no cesó en la búsqueda de una vida mejor para él y los suyos. Estudió la ESO y después Administración y "cuando un hotel buscaba alguien con discapacidad presenté el currículum y ya estoy fijo en la plantilla desde hace más de dos años".

"A mí Canarias me ha acogido muy bien, tengo un montón de amigos y no puedo quejarme por eso estoy agradecido, sobre todo con gente como Valentín", insiste este padre de dos hijas, Rokia de 4 años y Mariam de año y 6 meses, que "aun no son conscientes de estos mensajes racistas", pero le preocupa que puedan sufrirlo en el futuro, aunque él dice que nunca lo ha sentido.

Desde 2007 ha podido visitar su país en tres ocasiones y siempre que le preguntan allí por el viaje les recomienda "no venir, porque no solo el viaje es muy peligroso, llegas aquí y te das cuenta que no vas a tenerlo todo como imaginas. Ellos saben de los peligros pero aun así siguen viniendo", no le gusta recordar todo lo que ha sufrido "pero nadie sabe lo que te puede pasar el día de mañana", advirtiendo sobre la posibilidad de que cualquier atenga que emigrar en el futuro por el motivo que sea.

Valentín, el sepulturero que dio una segunda vida a Mamadú

"De los 40 inmigrantes que enterré solo uno pudimos identificarle, se llamaba Samba Sisi, el resto están enterrados sin nombre. Trataba de avisar a la gente el pueblo para no enterrares en la soledad, para que acompañaran, incluso encargamos flores para que no fuera tan triste, eso te marca. Y después están los tantos y tantos desaparecidos que no podemos ni imaginar la cantidad de muertes que hay, es una exageración la gente que se ha perdido en el mar", afirma Valentín, tras 28 años como sepulturero de Mogán, donde en medio de de tantas tragedias acabó encontrando una familia nueva, la de Mamadú.

Jubilado en su pueblo natal, en Veneguera, está asistiendo con preocupación a los aislados pero llamativos episodios racistas que están proliferando an las islas, "estoy viendo todo esto con tristeza porque no hemos avanzando nada en dar una solución a esta realidad. Esto va a seguir y da pena, no paro de pensar en los que no llegan", advierte.

"Racismo siempre ha existido, pero no como ahora. A Mamadú en su momento se le cruzaron un médicos y una trabajadora social que eran racistas. El tema es que hoy en día con las redes sociales todo se difunde de una manera menos rigurosa, lo que pasa que con el tema del coronavirus y las redes sociales se hace mucho daño, señalando a los migrantes, cuando ellos son los más controlados, mientras que a los turistas que llegan por el aeropuerto no se les hace ningún test", por eso reclama que la gente no comparta bulos e informaciones que no cuentan "toda la verdad".

Orgulloso se haber ayudado a que Mamadú transformara sus pésimas perspectivas iniciales en España, "en una buena vida, con su trabajo y su familia a pesar de perder las piernas,en una vida de esperanza", añade Afonso. Mantienen contacto diario por videollamadas y Mamadú y la familia lo visitan en el pueblo con frecuencia.

"En este país se necesita mano de obra, y esta gente viene con ganas de trabajar, con hambre trabajo y con ganas de ponerse a luchar por su futuro, para mí es positiva la inmigracion. No deberían venir en cayucos pero necesitamos inmigración", reflexiona Valentín, el sepulturero que entre tanta tristeza acabó dándole una segunda vida al "hijo" que le trajo una patera mortal.

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