Domingo, 29 de Noviembre de 2020

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Familias rotas y menores en acogida: así es el documental más duro del año

Antonio Méndez Esparza, español afincado en Florida, entra en un tribunal de menores en 'Courtroom 3H', un estremecedor retrato de la justicia de familia, la desigualdad y el fracaso social en EEUU

Fotograma de 'Courtroom 3H'

Fotograma de 'Courtroom 3H' / WANDA VISION

Antonio Méndez Esparza se confirma como una de las miradas más interesantes del audiovisual español. Profesor de cine en Florida, el director ya pasó por Cannes y San Sebastián con sus anteriores trabajos, 'Aquí y allá' y 'La vida y nada más'. En su tercer largometraje documenta con sobriedad y contudencia una parte del sistema judicial americano. Esparza logró los permisos, gracias a la primera enmienda, para entrar en el Tribunal de Familia Unificado de Tallahasee, una corte especializada en resolver la situación de menores por abandono, negligencia o abusos. El realizador coloca la cámara y refleja de forma aséptica las vistas orales y los juicios de familias bajo la amenaza de perder la patria potestad de sus hijos. Un trabajo documental estremecedor en el que padres, madres, abogados, fiscales y un juez abordan caso por caso si los niños deben ir a familias de acogida temporal. Por la corte desfilan la desigualdad, la adicción a las drogas, la inmigración... en un retrato demoledor de la sociedad americana y el fracaso de un sistema incapaz de proteger a los más vulnerables.

Este documental propone a los espectadores españoles algo inédito: entrar en esas salas de los juicios y contemplar un retrato social. Viendo lo que ha hecho Hollywood con las películas de juicios, es un soplo de realidad, ¿cómo entras a esta historia?

El cine muchas veces es una respuesta a lo que uno ve, el cine tiene mucho de descubrimiento y de una conversación que uno tiene con la historia y con el presente. Es verdad que me acuerdo de películas como aquella de Tom Cruise y Jack Nicholson, ‘A Few Good Men’, los juicios en sí en Hollywood, hasta ‘Matar a un ruiseñor’, hay grandes escenas, malas escenas, pero siempre hay una cosa épica y muy teatral. No empiezo la película pensando en eso, sino en hacer un retrato de estas familias que están en situación de desigualdad y dificultades familiares. Y luego poco a poco vas entendiendo el papel que juegan los abogados defensores, incluso esta idea del abogado defensor como alguien sin preparación desinteresado, inculto, nada dedicado, se derrumba enfrente de mis ojos. Y lo mismo sucede con el papel del fiscal, es alguien que con el compromiso a sus ideas, a veces contrarias a los interesados, a veces muestra atisbos de cierta humanidad. Este complejo de la justicia con el mazo sin entendimientos se rompe un poco al entrar en esta corte que cree en la rehabilitación, algo que no es muy común en el sistema judicial americano.

¿Dónde está la mirada como director? La cámara la pones y el espectador es juez, ¿en qué momentos está presente el director?

Es verdad que hasta el rol de director aquí es como… Siempre en las películas anteriores que he hecho ponía guionista y la verdad es que no había guion. Me sentía en entredicho, cojo un título que no me corresponde, tenía que poner el creador del storyline o la vaga historia, y en este caso, director de qué. Simplemente me he sentado a mirar. Los títulos son un poco curiosos, las películas a veces te ofrecen una oportunidad de descubrir y aquí he tomado un asiento muy trasero. En el rodaje, me sentaba detrás del cámara y le daba alguna instrucción, pero sobre todo miraba, intentaba entender, ver si a algo no estaba mirando el cámara, si algo estábamos perdiendo, entender la corte. Otra veces incluso todo este músculo del director de ficción que quiere intervenir en todo momento, pues no podía hacer nada, ni el micrófono. He sido un invitado a un lugar y he podido mirar.

En la edición hay ya sí tomas decisiones mucho más personales. Te sientes hasta un cineasta de ficción, ahí sí ya estás decidiendo, no parece un documental. Yo en la segunda parte me río mucho porque digo que es ‘Gravity’. De repente hay emoción y hay un corte efectivo, que es abandonado ese rol de observador para convertirte en un narrador. Pero aún así, hemos intentado respetar los tiempos de la película, cortar poco, hemos intentado ser lo más puros posibles a lo que vivimos. En la segunda parte hemos tomado más libertades, pero son los casos, los desenlaces, no hemos engañado ahí. He sido más editor y observador, director es raro decir.

Es un retrato de una América sin esperanza. Este tipo de juzgado es una rara avis, que cree la rehabilitación, en un estado donde está la pena de muerte. Aún así, ¿dónde está el sistema que debe proteger a un Estado y a esa gente desamparada?

Estados Unidos es muy individualista para bien y para mal. Es una película de individuos, esta corte sería muy distinta con otro juez. Tiene un tono muy personal, puedes decir paternalista, compasivo, los abogados y la fiscal, para mí da una libertad pero para otras personajes es temible. Cuando se convierte en personal dependes de esas personas y no del sistema. Los sistemas suelen fallar más que las personas, o al menos, dan excusas a las personas para tomar decisiones más equivocadas. El peso de la responsabilidad individual debe ser eso, individual. Para mi la corte siempre fue una pequeña esperanza para estas personas que están en situaciones muy muy difíciles pero tienen una oportunidad relativa, falsa o cierta de recuperar lo que más quieren.

Tú podrías ser un producto del sueño americano, has hecho películas, ganado premios, y esta gente es como esa cara b del sueño, que es lo que siguen vendiendo

El director Antonio Méndez Esparza, durante la presentación de 'Courtroom H3' / Javier Etxezarreta (EFE)

En el fondo me siento mucho más cercano a los protagonistas de mis historias. Todo esto para mí es una excepción. Esta no es mi vida. Esto para mí es cada tres años, un día de prensa en el que no sé muy bien cómo reaccionar. En mi día a día tengo un trabajo que intento conservar como buenamente puedo, soy un asalariado del día a día. Me encuentro mucho más cerca de esa América que no tiene casa, no tiene ahorros, tiene cierta desestructura familiar, no estoy tan lejos. De hecho, como padre muchas veces he cometido errores. Es verdad que luego no soy tan hipócrita, tengo una situación mucho más cómoda. Pero creo que por eso, por ese intento de conocer lo que desconozco, es importante remarcarlo. La gente dice: toda la gente blanca pobre vota a Trump. Pues yo creo que en la película no lo sabes, ni importa lo que voten. Muchas veces estas cosas hacen daño, son como descalificaciones universales, que si haces eso, ya no sirves para nada. La esperanza es un poco derribar los mitos que construyen barreras.

La figura de las familias de acogida temporal choca aquí en España. No existe, ¿cómo es, hay sensaciones encontradas con esas familias?

Es muy común. En EEUU conoces mucha gente que son padres de familia, hay una necesidad muy aguda con esta situación. Y ahí va la idea del individuo en EEUU. Como el sistema no funciona tan bien, o no existe, el individuo se ve forzado a tomar responsabilidad. No dependes de que el Estado lo vaya a arreglar. Eres tú el que tienes que reaccionar a eso.

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