Sábado, 24 de Octubre de 2020

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El balneario que enfermaba a la población

"El alcalde no terminaba de entender esta actitud. A fin de cuentas, los muertos habían sido tan sólo un insignificante 1%"

Hola, soy Jorge Guerricaechevarria, guionista. En 1883 Henrik Ibsen estrena “Un enemigo del pueblo”. En su obra un científico, el doctor Stockmann, descubre que las bacterias fruto de la contaminación están envenenando las aguas del balneario, principal fuente de sustento de la ciudad. Una vez ratificados los datos, su primer impulso es alertar a las autoridades para cerrar inmediatamente las instalaciones y evitar la contaminación de los turistas. Las consecuencias económicas quedan en un segundo plano para su mente científica. Lo importante es la verdad y evitar la enfermedad. Ese es el juramento que hizo al convertirse en médico.

Este primer impulso pronto choca con la realidad, ya que las medidas necesarias para reformar lo mal construido y hacer viable el balneario costarían mucho tiempo y dinero. Tanto tiempo que la ciudad podría arruinarse. El científico cree que esas consideraciones no justifican la mentira, la manipulación de los datos para permitir mantener las tiendas, los cafés y restaurantes de la ciudad abiertos a los visitantes mientras las aguas los enferman poco a poco. El alcalde de la ciudad prohibe la publicación apresurada de noticias tan alarmantes, ya que sólo la propagación de esta posibilidad podría tener consecuencias catastróficas.

Stockmann intenta entonces hablar al pueblo, pero se le prohibe proporcionar sus datos directamente a la asamblea y sus explicaciones terminan por volverse en su contra. Nadie quiere cerrar sus comercios y perder su medio de vida. Todo lo que dice parece ahora exagerado o poco sustentado en los hechos. Lo cierto es que nadie puede ver realmente eso que ahora llaman “bacterias”, una realidad cuya existencia incluso sigue siendo cuestionada por científicos de la vieja escuela. La situación se vuelve finalmente en contra del doctor. La presión aumenta. El futuro de su trabajo y su familia puede arruinarse para siempre si no cambia su informe, pero no lo hace y la asamblea, adecuadamente manipulada por las fuerzas vivas de la ciudad, termina declarando al doctor Stockmann “enemigo del pueblo”.

Ibsen no nos lo cuenta en su obra, pero hoy podemos imaginar lo que pasó después: Las instalaciones siguieron abiertas durante un año. En ese tiempo 80 personas desarrollaron el tifus y 45 de ellas murieron. Al año siguiente se corrió la voz de que el balneario era peligroso y los bañistas dejaron de acudir. El alcalde no terminaba de entender esta actitud. A fin de cuentas, los muertos habían sido tan sólo un insignificante 1%.

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